En 1999, Mártires del compás publicaron su disco Mordiendo el duende. En él se contenía la canción «Rigui mártir». Y dentro de esa copla, estos ripios: Buscamanis, winstoneros/Matuteras y gorrillas/Profesiones mu liberales/Fardo por allí, patera por allá/Por la orilla de la playa yo las veo llegar… Más de un cuarto de siglo después, la canción regresa a mi memoria a propósito de las palabras de la candidata del PSOE a las elecciones autonómicas de Andalucía, que se están celebrando mientras doy forma a esta columna.
Recuerde el lector. Durante el segundo televisivo debate de la campaña electoral, María Jesús Montero se refirió a la muerte de dos guardias civiles durante una operación contra el narcotráfico de este modo: «los accidentes laborales tienen que ser una prioridad». Después añadió que «hay trabajadores que fallecen por el simple hecho de ganarse la vida y por tanto todos tenemos que aliarnos contra esa lacra de los accidentes laborales». Las palabras de la candidata socialista levantaron una gran polvareda que la sevillana trató, sin éxito, de disipar.
Un fino hilo une la copla de Chico Ocaña con las manifestaciones de la Montero. En el primero de los casos, las profesiones son, en efecto, liberales, si por tales entendemos aquellas que no están sujetas a estructuras empresariales homologadas. En el segundo, no se puede negar que, en rigor, la muerte de los guardias se produjo en un ámbito laboral. Es decir, ambos dicen verdad, de aquella manera…
Sin embargo, y aunque la canción y las manifestaciones se han movido, para desgracia royaltiera de los Mártires, a escalas diferentes, mientras la letra no deja de ser un chascarrillo, la segunda ha levantado una ola de indignación que la socialista ha tratado, sin éxito, de surfear. Conscientes del error, los socialistas tiraron de su santón, José Luis Rodríguez Zapatero que, tirando por elevación, dijo que «lo peor que hay en democracia es utilizar las tragedias». Invocada la democracia —no olvidemos que la propia Montero se definió como «la mujer con más poder en la historia de la democracia española»— hágase el silencio. Con el añadido de que democracia, en España, suele ser lo que el partido hegemónico, el PSOE, decide lo que es democracia.
Ocaña y Montero siguen unidos, pues el primero puso banda sonora a un fenómeno al que, en su día, se le dotó de hasta un toque romántico seguido de uno cinematográfico. Música canallita para una actividad que esquivaba a la Agencia Tributaria. Alusiones —«flotan claveles negros»— a la trata de personas justificada bajo la fórmula «ningún ser humano es ilegal». Toneladas —7.000 kilos, que dirían los Tabletom— de humanitarismo y de democracia para hacer invisible el problema que gravita sobre el Estrecho de Gibraltar. Por un mar sobre el que vuelan las gomas, es decir, las narcolanchas cuyos tripulantes llevan cuernos de chivo, es decir, fusiles AK-47. Frente a ellos, unos nada liberales guardias civiles que han de combatir al narco en inferioridad de condiciones materiales, laborales. Agentes que mueren en acto de servicio sobre un trasfondo institucional marcado por el personalismo del ministro del ramo, Grande-Marlaska, que acumula destituciones.
En este contexto, mientras el domingo avanza, las papeletas siguen llenando las urnas. Acaso para provocar, en el caso de la Montero, un accidente electoral.