Nadie hablaría hoy de Silvia Abril si no fuera porque en el photocall de la gala de los Goya se ocurrió decir a la reportera de Cinemanía que le extendía el micrófono «que le da pena que los jóvenes necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana». Añadía la premiada que «menudo chiringuito tiene montado la Iglesia».
Parece que a la «filósofa» se le olvidó que el verdadero chiringuito es el del cine español, que recibe 250 millones anuales en ayudas, el triple de lo que recauda en taquilla. Mientras las películas españolas pierden 700.000 espectadores en 2025, las misas de los domingos aumentan en feligreses, cosa que no ha pasado desapercibida a la propia Abril. La catalana parece lamentarse tanto de ese hecho como de que el premio a la mejor película se lo haya llevado la cinta Los domingos de la que el obispo Munilla afirmó que «presta un gran servicio frente a las teorías de la sospecha» y que la peli anima a los jóvenes a “seguir la luz que tienen dentro de sí”.
Silvia Abril reivindicaba un modo distinto de misticismo frente al que le afeaba, por elemental y atrasado, a los jóvenes. Quizá partiendo de ese tipo de espiritualidad peculiar y sofisticado se podría esperar que después del canutazo del Goya publicara una nota «sobre el papel de las emociones en la experiencia de la fe», lo cual es una frase que no significa nada pero queda cool, muy guapi, muy de Yolanda Díaz. La pena es que se le ha adelantado la Conferencia Episcopal y es que hace unos días anunciaba la próxima publicación de una nota doctrinal con ese sugerente título junto con la creación de un departamento «para las relaciones con el Islam». Así pretenden los prelados responder a «los retos que plantea el crecimiento de los musulmanes en España» con un órgano especial que insistiera en «la formación de sacerdotes, seminaristas religiosos y laicos en el campo del diálogo entre el islam y el Cristianismo». Cuando los obispos creían que su fe era la verdadera, y que dentro de esa fe y que en el seno de la Iglesia estaba la salvación, llamaban a la misión para extender el mensaje del Evangelio. Ahora no, ahora se quiere dialogar.
Me pregunto si la forma de dialogar que respaldan los mitrados españoles es la que se plasma en la guía de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona, según la cual se recomienda eliminar la música y los bailes durante el mes del Ramadán. Si es así, entiendo que la sede de Añastro verá con muy buenos ojos que un colegio público de Almería decore el centro y promociona la celebración musulmana.
El crecimiento del número de musulmanes se entiende retador en el contexto de la cuestión migratoria. Sobre ello monseñor Argüello reconocía en el desayuno de La Razón que «la postura de la Iglesia en el tema de la inmigración no es comprendido y compartido por muchos católicos, y que así se lo han hecho saber en algunos lugares donde ha acudido en Valladolid de visita pastoral». O el problema es que las parroquias se han llenado de feligreses de extremas ideologías o bien lo es la extrema desconexión episcopal de realidad que viven los feligreses.
Afortunadamente a Silvia Abril le contestó en una carta preciosa un cura de barrio don Francisco Javier Broncalo. Para contestar a la artista, don Pachi, así le conocemos sus seguidores en X, se refería a las palabras que le dirigió la viuda después de que nuestro cura oficiara el funeral por su marido: «Hace unos días su mujer me dio las gracias porque aquella oración era lo único que le había dado esperanza. Hoy cuando a una familia española de un Guardia Civil, un obispo le regatea el templo donde recibir esa esperanza, nos quedan los don Pachis que sí viven en la realidad de su parroquia. En ellos podemos buscar consuelo, agarrarnos a la fe cristiana y refugiarnos en la Iglesia Católica.