A poco que usted haya asomado la patita en el debate político se habrá sorprendido del nerviosismo que enseguida embarga a nuestros progresistas. Llegan al insulto personal con una rapidez de velocista jamaicano. Algunos más burdos y otros más sutiles, queriendo oprimir tu corazoncito por la vía –casi infalible– de la vanidad. «No esperaba de ti que pensases así», «Qué decepción», «¿Cómo alguien con tu exquisita sensibilidad puede sostener estas ideas?», «Te tenía por persona más cultivada…».
No quiero juzgar la intención de esos comentarios, que a lo mejor muestran una lástima auténtica y una sorpresa genuina de que uno no piense como el rebaño de los iluminados. Vale. Lo que sí me preocupa es el efecto: estrechan el debate público. De unos años aquí, han salido del armario muchísimos discursos políticamente incorrectos, y los guardianes del orden postmoderno están que trinan. Han perdido el monopolio. Ahora quieren reconvertir ciertas ideas en tabúes, de modo que defenderlas resulta como entrar en el ring de la política con la mano derecha atada a la espalda. Todo «mano izquierda» para no ofender, escandalizar, defraudar o entristecer a nadie. O al revés. Si uno no quiere echar una doble dosis de mano izquierda, acaba dando derechazos, con lo que se pasa a la legítima defensa en vez de a la defensa de las ideas.
Me parece importantísimo no caer en esa envolvente y seguir erre que erre sosteniendo nuestros principios. Sin conformarnos con que los políticos profesionales lo hagan por nosotros. Esa es la última trampa. Decirte: «Tú escribe poemas líricos, al amor, a la melancolía, al olvido, a la muerte, esto es, a cosas bonitas, pero no metas el pie –la pata– en estos charcos, que no te conviene nada». O «trabaja en lo tuyo». O «ve callado de tu corazón a tus asuntos».
Ahora mismo lo crucial es lo contrario. La fase del armario está ya muy superada, pero estamos entrando en un estado de crispación casi norteamericano. Desde que el 11 de febrero de 2008 Zapatero reconoció que le convenía que hubiese tensión, no han dejado de subir grados y más grados a la sartén de nuestra plaza pública.
Sólo si la gente corriente habla de política, y rompe la barrera de los que se rompen la camisa y se escandalizan e insultan un tanto nerviosos, acabaremos rebajando el enfrentamiento. Quien dice que te calles porque hay mucha polarización es el traidor. Nos conviene conversar (y lo saben) porque la discusión cívica deja que decida la inteligencia, que es la más reaccionaria de las potencias del alma, y el sentido común, que es el más conservador de los sentidos.
Que un señor al que otros escuchan con agrado cuando habla de pájaros y flores sostenga opiniones discordantes desactiva el truco progresista de los hombres de paja. Lo mismo si uno se sale del carril en su grupo del trabajo, y sus compañeros se pasman, al principio, de que un colega tan bueno puede pensar así; pero hay que seguir trabajando codo con codo. Y una ruptura del monólogo consabido hasta con los cuñados, que por muchas bromas que se hagan, se aprecian, hace mucho bien a toda la familia.
En el tema de Gaza, en el tema del aborto, en el tema del neofeminismo tratan de bloquear la crítica más serena con el denuesto personal, el grito escandalizado y, por último, con el «cartucho, que no te escucho» de cuando los niños nos tapábamos los oídos para desesperación del que quería contarnos algo. Pero insistamos para no dejar solos a tres o cuatro héroes mediáticos como Charlie Kirk, a los que sea fácil singularizar, apartar o ridiculizar o con quienes usar otro tipo de cartucho.
La batalla por la libertad de expresión no se da en los grandes textos legales, sino calle a calle, en los bares y en los salones de las casas, en el descanso del café en el trabajo, en el transporte y en el aperitivo. La batalla cultural es guerra de guerrillas. Si normalizamos lo normal, por la pura sinergia de lo obvio, nuestro peso en la discusión pública será masivo. Ellos saben bien lo que temen. Nosotros tenemos que saber lo que tenemos. Se llama verdad. Y saber lo que no tenemos: se llama miedo.