Tan poco tiene que ofrecer el PSOE a la realidad española que esperaba la llegada de Milei más que la propia derecha. Tenían la posibilidad de montar otro de sus numeritos. Milei abría las informaciones de los medios de izquierda y también de la derecha duopólica, que después de años reduciendo la política española a que Sánchez es un corrupto, un psicópata y un autócrata afeó que lo dijera Milei.
El PSOE tenía montada su campaña y algún efecto tuvo entre los suyos, porque a las horas salió un actor, Carlos Iglesias, el de las ñapas, al borde de las lágrimas, como si se le hubiera muerto el perro, pidiendo en un vídeo (a todos los españoles) que Milei no volviera a pisar jamás territorio español.
Pero tuvo que venir Milei de la Argentina para decirle a los de La Sexta y la SER que son intelectualmente nulos, cuando no unos idiotas políticos. Una evidencia que nos callamos. Aquí los niños juegan donde los mayores, juegan y mandan, y pocas veces se les dice lo que son.
A Milei se le empieza a coger simpatía también por la inquina que despierta entre tanta gente: comunistas, economistas del déficit, antisemitas obsesionados, social justice warriors católicos, centristas, terceristas, y sobre todo, los exquisitos de uno u otro signo que no aceptan su estridente vulgaridad.
Con las reservas que pueda despertar su desenfrenado liberalismo, es un político que respeta las leyes del mercado, o sea, que asume una racionalidad económica. Su libertarismo parte de realidades numéricas, se constata y contrasta con datos, y realiza proyecciones sobre comportamientos sociales acreditados. Al hacerlo, traslada mensajes de responsabilidad y sacrificio. Esto puede no ser perfecto, pero está a años luz del socialismo ambiental.
Entre los socialistas y los formistas, los de las formas, Milei pasa por España como si fuera un sátrapa oriental. Genera escándalo su hablar desaforado, su histrionismo cercano a esa zona de la hilaridad que lleva conducirse a uno mismo como personaje. «Sí, soy cruel con los kukas inmundos», dijo una vez (los kukas son los kirchneristas). No es un príncipe del decorum; traduce a Trump al español, algo que nuestro temperamento no puede entender. Claro que a estas alturas, tampoco es que nuestro temperamento merezca mucho crédito.