«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Hay que unirse

7 de febrero de 2025

Cuando VOX crece aparecen voces desde todas partes entonando «hay que unirse» con sospechosa coincidencia. Lo dicen Alvise, el Ibex y el adiposo cinturón mediático que orbita alrededor de Génova 13. Ellos sabrán el motivo, seguro que no lo hacen porque vean en Abascal una amenaza, pues es imposible que un partido en crisis permanente tenga futuro. Si no tiene futuro, ¿para qué pedirle sus votos?

Hay que unirse, insisten, y el cuerpo al que VOX debe abrazarse —entregando votos y escondiendo banderas— es el socio del PSOE en Bruselas, donde acaban de inventarse el Escudo Europeo de la Democracia para combatir injerencias maliciosas. Tal órgano, por supuesto, lo preside una lobista al servicio de Soros justo cuando conocemos —oh, sorpresa— que los Estados Unidos financiaron durante años a la oposición húngara para derrocar a Orban.

Con Polonia lo hicieron a pecho descubierto en aquella avanzadilla bruselense que comandó González Pons para acabar con el anterior gobierno de Morawiecki. Así se las gastan los demócratas pata negra al servicio de Gazprom. Y mucho ojo en Alemania, que el excomisario Breton amenaza con otro pucherazo como en Rumanía si AfD da la campanada. El putsch de Úrsula.

En España también suenan las alarmas. La semana pasada dijimos que Gotham City ha mandado a calentar a la banda a todo su elenco de frikis y aún no salimos del asombro ante semejante espectáculo. Alguien ha tocado el silbato y los medios ejercen su función social bipartidista, que es la de espantar cualquier alternativa que ponga en peligro el modelo vigente de fronteras abiertas, inmigración masiva, fondos extranjeros arrasando barrios y encareciendo la vivienda, feminismo institucional, aborto, natalidad con números de guerra, deslocalización de empresas, desindustrialización, competencia desleal al campo y la pesca, impuestos verdes y prohibiciones de todos los colores para la gente corriente.

Este sistema se puede venir abajo en Europa y el nerviosismo del poder es directamente proporcional a la amenaza que representan los proyectos nacionales en la arcadia feliz del posmodernismo. Prometieron que Occidente había ganado y que tras 1989 viviríamos días de vino y rosas hasta el final de los tiempos. Es más, siguen diciendo que estamos en el mejor de los mundos posibles, aunque las grandes naciones históricas hayan desaparecido y en Inglaterra recuperen el delito de opinión para encarcelar a disidentes como Tommy Robinson. Sucede que la gente corriente pisa la calle, donde no valen relatos prefabricados ni consignas (Errejón dixit), y contempla con rencor que ese poder, cada vez más lejano y tiránico, le ha robado su barrio, que es tanto como decir su identidad y su forma de vida.

Claro que hay culpables. Las ideas tienen consecuencias y el multiculturalismo no es sólo un concepto que acuñan politólogos sin alma que sostienen que este mejunje es un fenómeno inevitable. Es mucho más: la ruina para los autóctonos con menos recursos, la violencia e inseguridad para mujeres y jóvenes y el desarraigo para todos.

Gobiernos al servicio del globalismo como el nuestro colaboran con la causa. No hay más que echar un ojo a las últimas noticias: 1) Sánchez pacta con Canarias que Cataluña y País Vasco no entren en el reparto de los 4.400 menas distribuidos por el resto de España. 2) Una ONG que ha recibido 37 millones del Gobierno compra 100 viviendas en Canarias y las alquila por 340 euros al mes a inmigrantes ilegales. 3) El Gobierno reconoce que no es posible saber el número de menas que realmente son menores de edad y confirma que casi el 95% de los que llegaron a España en 2024 son varones. 4) Un incendio en el hotel Las Gacelas en Becerril de la Sierra destapa que el Gobierno tiene alojados a 221 inmigrantes gestionados por la Cruz Roja.

Es fácil hablar de unidad y se hace, entre otras cosas, para contribuir a ocultar que socialistas y populares gobiernan juntos en Bruselas, donde comparten desde modelo migratorio hasta el Pacto Verde. Mutis por el foro: aumentan los voluntarios para hacer de pegamento entre VOX y el PP, cada vez más distanciados también por lo que ocurre en el exterior. El último ejemplo son Trump y Milei, que han sacado a sus países de la OMS, organización supranacional que tuteló el encierro de medio planeta —¡toma liberalismo!— en el mayor experimento social de la historia. Abascal exigió que España también saliera; el PP presentó una ley de pandemias e impuso el pasaporte covid en Galicia o Andalucía y Sánchez acaba de soltarle 60 millones de euros.

Hay que unirse, en fin, agachar la cabeza y obviar ideas y programas, pues lo único que vale es la suma de escaños para echar a Sánchez. Un plan sin fisuras si no fuera porque aún recordamos que la urgencia por derrotar a Zapatero fue la coartada que Rajoy utilizó para justificar todas sus traiciones.

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