Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta.
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Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta.

El inspector Gausi entró en el salón de actos, vio la sangre que salpicaba las paredes y los trocitos de cerebro que llegaban hasta la fila ocho del patio de butacas y maldijo su trabajo: “No me pagan lo suficiente”. En el centro del escenario, el inspector Galiay, con la cara gris, estaba de cuclillas junto a un cadáver. Galiay levantó la mirada, vio a Gausi y le hizo un gesto con la mano para que se acercara. “¿Qué tenemos aquí?” –dijo Gausi mientras Galiay se incorporaba y consultaba su bloc de notas: “El fiambre es Josep Manel Rebollet, 45 años, ingeniero de sistemas, casado, un hijo, coordinador zonal de Convergència Democràtica de Catalunya en Sants”. El inspector Gausi levantó la sábana que cubría el cuerpo de Rebollet, echó un vistazo y la bajó a toda prisa. “¿Por qué no tiene cabeza?”. Galiay respiró hondo: “Le ha estallado”. Gausi murmuró una blasfemia y dijo: “Sí, ya, pero cómo le ha estallado”. Galiay subió los hombros: “No lo sabemos. Estaba dando una charla a unos militantes de Convergència y de repente, zas, estalló”. Gausi volvió a levantar la sábana: “Puede haber sido una bala explosiva”. Galiay negó con la cabeza. “Descartado, no hay rastro de pólvora ni de ningún otro detonante”. Gausi puso un gesto duro: “Joder, Álvaro, a la gente no le va estallando la cabeza así como así”. Galiay resopló: “Ya, Javi, qué cojones quieres que te diga; aquí no ha habido arma, ni disparo, ni sonido de disparo, ni nada…”.

 

El inspector Gausi miró al suelo: “Tendría que haberle hecho caso a mi madre y haber sido corredor de seguros”. Galiay levantó la sábana para ver de nuevo el cadáver de Rebollet y asintió: “Ya te digo”. En ese instante se escuchó la voz del inspector Blanco que gritaba desde el fondo del salón: “¡Venid! ¡Tenéis que ver esto!”.

 

Los inspectores bajaron del escenario y con cuidado de no pisar los trocitos de cerebro siguieron al inspector Blanco hasta un pequeño despacho: “Una cámara de seguridad lo grabó todo”. Gausi y Galiay miraron un pequeño monitor mientras Blanco le daba un toque en el hombro a un polícía uniformado: “Venga, Francheta, ponlo otra vez”.

 

El agente, con la cara descompuesta, apretó un botón y en el monitor apareció la imagen sin sonido de Josep Manel Rebollet, el coordinador zonal de Convergència en Sants, braceando como los políticos. De repente, sin previo aviso, Rebollet se quedaba muy quieto y un segundo después su cabeza estallaba salpicando todo de sangre y sesos… “¡Joder, tío!” –gritó Gausi–. “Mare de Deu de les Olletes!” –aulló Galiay–. El inspector Blanco soltó una risa bajita: “Sois unos mariquitas de impresión… Anda, Francheta, ponlo de nuevo”.
Los policías escudriñaron la escena una y otra vez. No había ni rastro de que aquello fuera un disparo o de que llevara una bomba adosada a la nuca, como sugirió Francheta. Media hora después, el inspector Galiay, sentado en el suelo del despacho, miró hacia arriba y dijo: “¿Esta mierda no tendrá sonido?”.
El agente Francheta pulsó todos los botones hasta que de repente, la voz de Josep Manel Rebollet se escuchó mezclada con un ligero sonido metálico. El inspector Blanco dio un toque a Francheta: “¡Súbelo!”. Todos los policías miraron a la pantalla mientras Rebollet, en catalán, decía: “Debemos reconocer, en la muerte de Nelson Mandela, el ejemplo que su lucha contra la esclavitud y el racismo ha supuesto para la causa de la libertad del pueblo catalán…”. Después, un silencio y la cabeza de Rebollet explotaba haciendo el mismo ruido de una sandía al caer al suelo desde un tercer piso.

 

Los cuatro polícías se quedaron callados con la boca abierta hasta que sonó el teléfono de Gausi. El inspector contestó: “Dime, Rodríguez”. Diez segundos después, miró a los policías y dijo: “Le ha estallado la cabeza a un parlamentario de Esquerra”, Gausi volvió al teléfono: “Oye, Rodríguez, por casualidad el diputado no estaría haciendo una comparación del nacionalismo catalán con Mandela… ¿Sí, eh? ¿Que cómo lo sé? Ahora te digo, voy para allá”. Gausi terminó la llamada, miró a los demás policías y dijo: “Álvaro, llama al president Mas; José Javier, tú llama a Junqueras. A ver si llegamos a tiempo”.

 

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