«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Iglesias y sus sindicalistas

10 de diciembre de 2013

Ayer hubo aquelarre socialista y sindical en el cementerio civil, como un Halloween retrasado, y los cargos públicos del PSOE y de la UGT se pusieron todos el disfraz de proletarios. Mucho puño en alto y gritos de viva la república, y luego arengas frente a la tumba de Pablo Iglesias, porque de eso se trataba, de homenajear al fundador de lo suyo. Lo suyo –lo del POSE y lo de UGT– no ha cambiado mucho desde los tiempos de don Pablo, que les dejó a sus cachorros la receta infalible para el poder: “estaremos en la legalidad mientras la legalidad nos permita adquirir lo que necesitamos; fuera de la legalidad cuando ella no nos permita realizar nuestras aspiraciones”. Pues dicho y hecho, que la historia del socialismo patrio es la aplicación de esa máxima con el celo con el que un benedictino observa su regla monástica.
De hecho lo tienen tan interiorizado que se escandalizan cuando una jueza les pregunta que dónde está la pasta que se han llevado de los Eres. Ayer espantaban el frío madrileño diciendo que todo es una campaña de “acoso y derribo” contra los sindicatos. Óscar López les daba cariño desde el partido, y los ugetistas se rasgaban allí mismo las vestiduras –todas de marca– gimiendo y llorando, como vestales ultrajadas.

Han sido el cómplice necesario para la laminación de las clases medias, y se arrogan la representación de las más desprotegidas, sin permitir ni siquiera a sus afiliados conocer las cuentas. Alguno incluso se empeñó en poner el toque épico, “para hincarnos de rodillas tendrán que partirnos las piernas”, como si el tipo acabase de ver Las uvas de la ira, o a lo mejor venía en el coche escuchando a Víctor Manuel. Pero lo cierto es que ya no se los cree nadie, en la calle les contemplan como los chicos del jamón y las mariscadas, aquellos que sólo trabajan los días de huelga.

Este despotismo sin ilustrar ha mantenido sus privilegios durante décadas porque participaba del monopolio de la violencia, porque sólo con levantar la pancarta de guerra se terminaba la paz social. Los Gobiernos de todos los signos pagaban las subvenciones con el mismo entusiasmo con el que los camioneros pagaban a Jimmy Hoffa. Y por eso pretenden que la transparencia suya sea de cristales esmerilados. Porque son la guardia de corps del régimen, son esos animales gordinflones y rosados que lideraban la Rebelión en la granja de Orwell. Son establishment sin necesidad de corbata. Incluso parece que fomentan ese indisimulado aspecto de haragán, que es la nueva versión de las chaquetas blancas.

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