Inseguridad subjetiva
Inseguridad subjetiva
Por Itxu Díaz
10 de septiembre de 2026

Vivo sumido en una profundísima inseguridad, una «inseguridad subjetiva», por utilizar el hallazgo lexicográfico de Marlaska: no estoy seguro de si el ministro del Interior es más bien tonto o más bien malo. Es inseguridad porque dudo de forma bastante pendular cada vez que abre la boca. Y es subjetiva porque, objetivamente, no hay duda alguna entre ambos extremos, que Marlaska representa a la perfección las dos cosas a la vez.

Tienen los españoles de Ceuta la desgracia de un Gobierno que los ha vendido, que ha destrozado su casa, su convivencia, su paz, y su prosperidad. Y tienen suficiente. Pero para el sanchismo toda destrucción es poca. Así que cargan ahora en Ceuta con la pena añadida de padecer la burla de ministros que, además de llamarles racistas, mentirosos, o aliados de la extrema derecha, también les acusan de estar locos, de inventarse amenazas, o de exagerar sus miedos.

Por si no fuera suficiente tortura el balbuceo estúpido del ministro, también ha bramado el presidente, con esa boca de viajar bajo un jinete que Dios le ha dado. Sánchez se felicita a sí mismo —esto ya es vicio conocido— por su brillante actuación en Ceuta y plantea una dicotomía inexistente, una decisión terrible que debió tomar en heroica soledad: elegir entre la posibilidad de abrir fuego contra «personas jóvenes, menores, niños y niñas» inmigrantes, o no hacer nada y dejarlos pasar. «¿Qué hubiera hecho otro gobierno? ¿Se hubiera liado a tiros?», se pregunta el manipulador mayor del reino, dando un guiño, guiño, y codazo al aire, para insinuar la pulsión asesina de un hipotético tándem formado por Feijoo y Abascal. Es realmente encomiable la paciencia de los españoles con este absurdo montón de narcisismo y bótox.

Liarse a tiros, como rebuzna el presidente, es bastante innecesario si haces al menos una de las mil doscientas cosas que puedes hacer para evitar la avalancha, incluyendo la más básica, que es escuchar a los servicios secretos, que para eso los pagamos, y reforzar la frontera antes de que se convierta en un suburbio del extrarradio de Casablanca. También tienes un ejército, no sé si te acuerdas, una diplomacia internacional que sirve, aunque no lo creas, para algo más que para practicar la sumisión a Rabat, y un montón de alternativas extraordinarias para resolver el problema en el primer minuto, sin necesidad de tirotear a menores de edad, cosa además bastante difícil, porque había bien pocos, aunque más que en otras ocasiones, que la especialidad mora es enviarnos a desvalidos treintañeros de milagrosos músculos y alimentadísimas panzas, con un rico historial de antecedentes penales milagrosamente extraviados.

De modo que los ceutíes han de cargar con las decenas de violaciones normalizadas en la ciudad tras la invasión de los ilegales, con los miles de problemas de seguridad y de salud que conlleva la avalancha, con la incompetencia de los políticos, con el sermoneo sentimentaloide de un tipo que se caracteriza precisamente por su ausencia de sentimientos, y con el cachondeo de varios ministros, encabezados ahora por el de Interior, que se chotea de las gravísimas denuncias de los españoles que están sufriendo las consecuencias en su propia piel, en su casa, y en sus familias.

Lo importante para el Gobierno es que estemos callados. Que te descuidas, alzas la voz un instante, y te meten en la lista esa redactada por preescolares con la que pretenden pintar una marca en el culo a los disidentes, aunque con acuarela. Así es la España de Sánchez, y así son las grandes gestas de seguridad en Interior con Marlaska: «Caballero, caballero, ese puñal que le está atravesando la espalda no existe, la suya es una inseguridad subjetiva. Haga el favor de dejar de sangrar y no monte ahora el numerito». Que por lo visto los españoles ya no se dejan matar, robar y violar como antes, y no sé dónde vamos a parar. Piensan en La Moncloa que se están perdiendo las formas, que la postración de los ciudadanos ya no es total, que ahora la gente se permite objetar, aún encima. Supongo, en fin, que con los años estudiaremos el sanchismo como una inmensa tentativa de sumisión química. Y esa será una seguridad objetiva. Como objetiva es la seguridad de que Marlaska es un miserable.

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