«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es

Irracionalidad progresista

19 de enero de 2026

«La multitud, en todas las épocas de la historia, ha sido arrastrada por gestos más que por ideas. Una idea, un razonamiento lógico y frío, jamás ha movido a la masa humana. La acción de un hombre aislado sí puede tener por motor una idea. Mas la muchedumbre no razona jamás», escribió Gregorio Marañón hace ochenta años.

Para no perder los nervios es mejor no intentar imaginar lo que opinaría hoy, cuando el poder de las masas intoxicadas por la demagogia es el mayor que ha tenido nunca en sus irracionales manos.

Evidentemente, la sinrazón no es patrimonio exclusivo de nadie puesto que está casi homogéneamente repartida entre todas las opiniones políticas. Permítanme ese «casi» porque la naturaleza religiosa de eso que solemos llamar progresismo o izquierda probablemente no afecte con tanta intensidad a las filas de eso que llamamos, quizá inmerecidamente, derecha.

Los eslóganes, los gestos, los gritos y los insultos ocupan cada día más el espacio que en la izquierda deberían ocupar la razón y la discusión bienintencionada. Limitándonos a unos pocos ejemplos recientes, recordemos acciones de potente carga revolucionaria como las de cortarse un mechón de pelo para ayudar a las mujeres afganas, gritar como poseídas desde los balcones institucionales en apoyo de la causa palestina o hacer bailecitos para luchar contra los violadores.

De nada sirve intentar razonar con estos hinchas de la política, incapaces innatos de cambiar de opinión ni ante la evidencia. Por ejemplo, se dicen defensores de los trabajadores pero no hacen más que promover la llegada de inmigrantes ilegales, uno de cuyos efectos más perniciosos es la bajada de los salarios.

Se dicen enemigos de las patrias pero son adoradores y aliados de todos los nacionalismos separatistas.

Les repugna España hasta el punto de negar su existencia pero se mueren por participar en el chollo de gobernarla.

Se dicen no violentos pero prácticamente todos los izquierdistas españoles estuvieron encantados durante décadas con los crímenes de la ETA contra la eternamente fascista España.

Se dicen parlamentarios pero todos los presidentes de gobierno asesinados en España desde el irresuelto caso de Prim cayeron bajo balas y bombas izquierdistas.

Se dicen defensores de la democracia, pero la inmensa mayoría de las bandas terroristas de todo el mundo son izquierdistas.

Se dicen enemigos de las oligarquías y los millonarios pero obedecen a pie juntillas las consignas de los súper poderosos sobre el dogma climatico.

Se dicen ateos y enemigos de la religión pero adoran y promueven la implantación del islamismo en Europa.

Se dicen feministas pero defienden religiones que permiten el matrimonio forzoso con niñas, la desigualdad de derechos entre los sexos y la sumisión de la mujer al marido.

Se dicen defensores de las mujeres pero en cuanto llegan al poder excarcelan a cientos de peligrosos delincuentes sexuales.

Se dicen partidarios de la homosexualidad, la transexualidad, etc., mientras promueven la instalación en suelo europeo de una religión que si alguna vez alcanzara el poder lo primero que haría sería ahorcarlos a todos.

Dicen exigir respeto para los homosexuales y para ello desfilan en manada con aspecto y modales de mandriles, con lo que lo único que provocan es desprecio.

Se dicen enemigos de la casta pero cobran imponentes sueldazos públicos mientras se dedican a destruirlo todo.

Se dicen luchadores contra la corrupción pero en cuanto llegan al poder convierten el Estado en un barco pirata.

Se dicen representantes de la clase trabajadora pero en cuanto tocan sueldo político no les gana nadie en conseguir la dictadura del chaletariado.

Y así hasta el infinito. Pero que nadie pretenda mostrarles sus incoherencias, porque no las comprenderán; y si las comprenden, no las admitirán; y si las admiten, las justificarán. No hay solución.

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