«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Ilicitana. Columnista en La Gaceta y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

Joyas de pasar

16 de junio de 2026

Alejandro Dumas, ejemplo de integración republicana antes de la «zyvación» de Francia, escribió El collar de la Reina. No es una novela tan popular como Los tres mosqueteros, pero tampoco merece ser olvidada. En ella se cuenta el llamado «asunto del collar». Una aristócrata venida a menos, la condesa de la Motte, se las ingenia para camelarse al cardenal de Rohan y hacerse con una joya que ya querría para sí Georgina Rodríguez. La excusa es sencilla: satisfacer un supuesto capricho de María Antonieta. 

En realidad, la reina ni quería el collar ni conocía los tejemanejes de Jeanne de la Motte. Pero la condesa, astro de la estafa, de la falsificación documental y de la asociación para delinquir —protosocialista—, se hace con él, lo despieza y lo vende pedrusco a pedrusco. Cuando los joyeros reclaman el millón y medio que cuesta, todo el mundo se da mus y aquello tiene consecuencias. Sobre todo para María Antonieta, que sin comerlo ni beberlo salió bastante mal parada del escándalo. Y no solo ella. La Monarquía de Luis XVI empezó a perder autoridad moral.

Dos siglos y pico después, las joyas y las amistades peligrosas siguen muy presentes en unas democracias que vinieron a librarnos de asuntos como el del collar. Ahí estuvo Giscard con los diamantes de Bokassa, y ahí vuelve ahora José Luis Rodríguez Zapatero, que no podía ser menos, a honrar tan noble tradición.

Al fin y al cabo, ser socialista es jugar al golf en el club Puerta de Hierro y tener unas parures que quitan el sentido. Si además te las tasa Ansorena, aunque sólo sea por mandato judicial, ya sabes que perteneces a una especie de aristocracia. Cuando las viejas familias han quedado para aplaudir el discurso de Letizia sobre los efectos perjudiciales del vapeo, es normal que el PSOE acabe ocupando su lugar. Ellos son la aristocracia del Régimen y los Zapatero vienen a ser nuestros Kennedy, aunque con mansión en Las Rozas en vez de Hyannis Port. De lujo discreto van justos, lo concedo, pero tampoco los queremos para que protagonicen un editorial descalzos y vestidos de beige.

Pocos en España pueden presumir de tener joyas con nombre propio y pedigrí. Está la tiara griega de los Borbones, la rusa de los Alba, el collar de chatones de Isabel II y las esmeraldas de la emperatriz Eugenia. A partir de ahora, a todo ese patrimonio sentimental podemos añadir los collares zambianos de los Rodríguez Zapatero. Forman parte de las joyas de pasar de una dinastía, menos añeja que las anteriores, pero cuya influencia también se ha dejado sentir por estos lares.

Como es natural, ya han salido los que sacaron notable en Derecho Tributario a explicarnos lo del delito fiscal, la pieza separada y demás leguleyadas que, según ellos, auguran un negro futuro a ZP por no haber declarado las joyas. Deben creer que no vivimos en la España del Régimen que nos dieron. Aquí la ley fiscal, en su máximo esplendor punitivo, sólo existe para Shakira, los futbolistas y luego para usted y para mí. La posibilidad de ver a un expresidente del Gobierno en la cárcel, o duramente sancionado, por este tipo de ilícito no es algo con lo que debamos contar a priori.

A diferencia de lo que ocurrió con el asunto del collar en Francia, no quedará dañado el prestigio del 78. Y el PSOE, a pesar de las encuestas, va encajando los golpes. Cada hallazgo o informe de la UCO se recibe con la misma emoción con la que un milenarista contempla un eclipse («¡Ahora sí!» «¡Ahora se acaba el sanchismo!»). Pero, con Sánchez o sin él, los años pasarán y el PSOE continuará ahí. Con la tranquilidad de las viejas casas nobiliarias. Rara vez un collar acaba con un sistema y los escándalos con una dinastía. 

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