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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

Se acaba de producir en Polonia; quizá, se reproduzca en Hungría y puede que se precipite en otros países europeos; acaso, también en España. Me refiero al conflicto de normas entre los respectivos Parlamentos nacionales y el que se muestra como expresión de la Unión Europea.

La ilustración de Polonia es el caso eminente. Resulta que el Gobierno de ese país, que es de derechas (y no en el sentido del Partido Popular español) apoya la legislación tradicional sobre el matrimonio. Es la que considera que ese contrato lo es entre un varón y una mujer; se entiende, con capacidad de obrar y sin un parentesco en primer grado. Por tanto, excluye el artificio legal de las uniones entre personas del mismo sexo, además de otras extravagantes combinaciones sin muchos precedentes históricos.

El problema es que esa decisión (plenamente, democrática; no hay que decirlo) del Gobierno polaco choca con el clima ideológico dominante en otros países; también, los de la Unión Europea.

La colisión normativa, de perseverar, podría desembocar en alguno de estos dos extremos: 1) Polonia se desengancha de la Unión Europea; como lo hizo el Reino Unido, por otros motivos. 2) La Unión Europea altera sus normas sobre la organización familiar, para volver a la fórmula tradicional. Ni qué decir tiene, que la primera opción es la más probable, aunque injusta para Polonia, una nación tan castigada, secularmente, por las pretensiones imperiales de Alemania o Rusia. En este caso, se reproduce la situación de una Unión Europea, dominada por una Alemania democrática.

Lo que permanece y se acentúa es la extrema debilidad de la Unión Europea, que, si bien se mira, no es ninguna de las dos cosas

El conflicto se podría presentar en España si se cumpliera la hipótesis de un Gobierno de la derecha auténtica. Quiero decir, la de un Partido Popular o equivalente, que tuviera el valor de despegarse de los cambios ideológicos introducidos por los anteriores Gobiernos socialistas. El supuesto es poco probable, pero posible.

Sea como fuere, lo que permanece y se acentúa es la extrema debilidad de la Unión Europea, que, si bien se mira, no es ninguna de las dos cosas. La pretendida “unión” esconde la hegemonía de Alemania y la imposición ideológica de la “corrección política” dominante, sedicentemente, “progresista”. Por tal, se entiende la mixtura de feminismo, ecologismo y globalismo doctrinarios, entre otras exitosas supercherías. La ilusión “europea” se convierte en desmesura, cuando se piensa que, por ejemplo, Suiza, el Reino Unido o Rusia, entre otros países del continente, se encuentran fuera de la organización supranacional.

Cabría una tercera posibilidad: que la Unión Europea se transformara en una auténtica Confederación de Estados, aunque fuera con un número menor de socios. Con los 27 actuales no parece viable ese paso. Hace algún tiempo, ciertos países europeos inauguraron la fórmula de la soberanía nacional, que fueron asumiendo los respectivos Estados. Sería muy arriesgado que abandonaran un principio con tanta solera.

En definitiva, el conflicto polaco anuncia otros varios en la misma línea, cuya solución parece harto difícil. Ahora, se prefiere el adjetivo de “complicada”, un eufemismo característico del clima dominante de la “corrección política”. En ella estamos.

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