La facendera de España
La facendera de España
Por Jesús García-Conde
23 de agosto de 2025

Mi amigo Eusebio de Cogeces tiene el Museo del Ayer de su pueblo y otro en su cabeza. En la planta baja de su casa muestra para los grupos que quieren visitarlo útiles de labranza, trillos, miniaturas… herramientas relacionadas con el trabajo en el campo y la vida en los pueblos. Uno cree estar en las páginas centrales de huecograbado de un libro de Delibes. Se muestran imágenes para contar la historia de Daniel el mochuelo, de Nini y su tío ratero o de tantos que salieron del coleto del maestro vallisoletano. En su cabeza, Eusebio tiene una colección permanente del diccionario labriego. En alguna de las romerías que hacíamos en la explanada del Santuario de El Henar me hablaba de las obrerizas.

Por obreriza entendía Eusebio los trabajos que se prestaban mutuamente las gentes de los pueblos. Yo te limpio un camino y tu me arreglas una cañería. En sitios donde la tesorería eran las destrezas para los oficios, la gente intercambiaba el tesoro de su maestría más que un dinero que escaseaba. Podría ser impuesto por el regidor municipal o prestarse como favor.

En alguna página web se apunta al origen fiscal del término: un impuesto personal tradicional todavía vigente en algunas pequeñas localidades del medio rural español, aunque muy modificado, para atender a trabajos de interés comunitario (limpieza de vías públicas, construcciones, reparaciones, etc.). El término no aparece en el diccionario de la RAE pero sí aparece uno muy parecido que es facendera. Trabajo colectivo de todos los vecinos del pueblo y destinado a labores comunales, como arreglos de caminos, limpieza de presas. La palabra tendría origen leonés.

Y aquí me encuentro en Congosto, en San Miguel de las Dueñas, viendo cómo la palabra ha tomado forma en tantos vecinos entregados a la labor comunal de apagar los fuegos. Aquí la vecindad abarca a toda España porque en la nave en la que se están escribiendo estas líneas hemos pernoctado varios voluntarios venidos de varios puntos de la nación. La revuelta de patriotismo ha traído aquí a Pablo, Jaime, Raúl, Manuel… como ya ocurrió en noviembre en la riada de Valencia. Echan una mano a los bomberos, a los militares y a la gente local que se niega a que se caigan sus casas sin dar hasta la última gota de sudor. La gente confía en los militares y en los bomberos, pero no en sus mandos políticos. Son los políticos del bipartidismo los que tuvieron la arrogancia de decir a la gente del mundo rural cómo tenían que vivir en un campo que sólo conocían por las box experience y por hincharse a botillo en Prada mirando el verde desde el ventanal. Son los politiquillos locales los que aprueban estafas medioambientales en los parlamentos. Son los presidentes autonómicos los que dan una rueda de prensa en el terreno con un chaleco reflectante impoluto llamando a la colaboración entre unas administraciones que han reflejado ineficacia y colaboran —sí— en el mal causado.

Cerca de este lugar está el Monasterio de San Miguel de las Dueñas con lo que es inevitable alzar la mirada al altísimo y acudir a Santiago, que al parecer se apareció también por estas tierras, para que uno nos mire y el otro nos haga la obreriza de sacar a los incompetentes de sus despachos igual que su invocación detuvo al sarraceno. Nosotros les aseguramos que esta vez los malos son menos que los buenos.

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