'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

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Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

La guerra interminable

26 de mayo de 2022

«Hacer predicciones es muy difícil, sobre todo si son sobre el futuro». La frase no es mía, sino del famoso jugador de béisbol americano Yogi Berra, que respondió así al ser preguntado sobre qué esperaba del próximo partido. Pues lo mismo podría aplicarse a la mayoría de analistas y supuestos expertos (ya sabemos que en esta España de hoy contamos con 47 millones de expertos para cualquier asunto) que se han acercado al tema de la guerra en Ucrania tras la invasión Rusa.

Por recordar brevemente y sin ánimo de hacer sangre alguna, primero se dijo que no habría invasión; cuando éste comenzó, que Kiev caería en cinco horas; cuando Ucrania no se rindió, que Rusia se retiraba en dos días; cuando tampoco sucedió, que se preparaba un golpe de estado para echar a Putin del Kremlin; con Putin cesando a sus mandos militares y poniéndose al frente de las operaciones, que esta guerra va a suponer una sangría y que Rusia no puede permitirse un conflicto prolongado; tras la reestructuración de las fuerzas rusas a en Ucrania, que la victoria de Zelenski está a la vuelta de la esquina. Pero la esquina debe ser muy larga porque no hay indicio alguno a que la invasión vaya a concluir a corto o medio plazo

Los occidentales tenemos muy mala memoria y la sobreinformación acaba produciendo insensibilidad

Yo no voy a contradecir todos los números de bajas causadas a las fuerzas rusas y el ingente material perdido. Pero es que lo normal es que en las guerras haya destrucción y sangre. La clave no es tanto el nivel de daño producido al enemigo, sino si este es capaz de reponer lo perdido. Y sí, Rusia tiene la plena capacidad de reponer lo perdido y concentrar aún más fuerzas si lo considera necesario. Ucrania, por contra, depende vitalmente de la ayuda que le están enviando los aliados occidentales. Una factura de la que no se habla, pero que pagamos de nuestro bolsillo. Y más abultada cada día que pasa.

Tampoco podemos olvidar que, según la reciente experiencia, a Rusia le viene bien mantener eso que suelen llamarse “conflictos abiertos”, donde modula a su antojo y según sus intereses del momento su nivel de operaciones militares. No tenemos más que mirar a Transnistria, Osetia del Sur o Abjacia. Es más, en una guerra de desgaste en la que Rusia controla el grifo de le energía que consumimos, Moscú resultará determinante en el precio que acabemos pagando incluso de las posibles fuentes de sustitución. Esto, en un ambiente económico que nos llevará de cabeza en 2023 a una fuerte recesión, puede modificar significativamente el esfuerzo que los europeos estén dispuestos a realizar para salvar una Ucrania unida.

Este conflicto es una auténtica distracción estratégica para los occidentales quienes deberíamos estar encima del desarrollo nuclear iraní y las ambiciones chinas

Muchos nos quieren hacer creer que el tiempo corre a nuestro favor y en contra de Putin, pero mucho me temo que eso es parte de la guerra propagandística que se está librando. La realidad puede ser muy bien la contraria: que el tiempo —y el consiguiente desgaste— sea la carta que piensa jugar Putin. Los occidentales tenemos muy mala memoria y la sobreinformación acaba produciendo insensibilidad. Ucrania, con niveles reducidos de bajas, puede pasar a convertirse para nosotros lo que el conflicto sobre Timor Oriental fue durante años, algo distante e insignificante.

En contra de lo que se vende en estos momentos, Kiev está muy lejos de salir victorioso de esta contienda; Rusia está muy lejos de aceptar un acuerdo de paz en los términos que plantea Zelenski; y está muy lejos, también, de poder ser derrotada militarmente sobre el terreno. Por mucho que se haya retirado de Kiev, Rusia controla el sur del país y acabará imponiendo su ley en el Donbas. Quienes se alegran de que Putin haya logrado lo impensable, revivir la Alianza Atlántica, esconden que resucitar una organización obsoleta sólo consigue gastar en algo que no nos sirve. Particularmente a los españoles.

Tampoco dicen que esta guerra no va a lograr acercar estratégicamente a Estados Unidos y a Europa. Este conflicto, desgraciadamente por inevitable, es una auténtica distracción estratégica para los occidentales quienes deberíamos estar encima del desarrollo nuclear iraní y las ambiciones chinas. Cuanto más se prolongue, peor para nosotros.

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