¡La que está liando, pollito! El último movimiento de María Guardiola no lo veo y ella, a lo que se ve, tampoco ve nada. Merece la pena pasar la moviola a esa acción dudosa. Parece un fuera de juego. Nos permitirá entender, al menos a nosotros, lo que pasa.
La jugada ha consistido en que María Guardiola, mientras negociaba con Vox con esa suficiencia moral que la caracteriza, dispuesta a exigirles que le voten porque ella lo vale, llamaba por la espalda al líder socialista para suplicarle su abstención, para evitarle a ella tener que pactar con la «ultraderecha». La comedia de los enredos ha acabado en astracán, pero es una tragedia.
Con ese movimiento, analizado en la moviola, Guardiola deja claro que no está negociando con Vox con ninguna intención de acuerdo. No alcanza a ver un milímetro de sentido común en las peticiones del rival sobre el que sustentar un entendimiento de mínimos. Así no hay manera. Si las negociaciones fracasan, será clave quién es el responsable del fiasco en unas supuestas nuevas elecciones.
Que Guardiola llame al PSOE demuestra dos cosas. Una: no me lee. Otra, peor: no sabe leer la política española. El PP sólo tiene dos senderos que se bifurcan. O la Gran Coalición con el PSOE, como ya practican en Europa, o la Gran Colisión de pactar con Vox y tener que cambiar bastantes de esas políticas 2030. Guardiola, como ya sabíamos, prefiere al PSOE, y por eso llama.
Pero lo que no sabe (ni me lee ni lo ve) es que el PSOE jamás le dará ese respiro. Es de primero de política española. La única posibilidad de supervivencia de Sánchez y, además, del PSOE es que el PP tenga que pactar con Vox, y que entonces, ellos, que no han hecho nada a derechas, se presenten como el muro de contención de la derecha. Si el PP pacta con Vox con cara de asco, mucho mejor para Sánchez, porque el mismo rival le compra su argumentario y, además le blanquea con la llamadita suplicante. ¿Cómo se le ocurre a Guardiola que el PSOE va a hacer otra cosa?
Volvamos al VAR. La lideresa del PP extremeño no sólo traiciona por la espalda a su único posible socio, no sólo le baila el agua a la única estrategia de Sánchez, se humilla llamando para nada.
Y, al final, el sainete. El socialista José Luis Quintana, como era de prever, se adorna, aunque negando que haya sido llamado por teléfono: «Es falso que Guardiola nos haya pedido la abstención. Si quiere hacerlo, puede llamarnos para reunirnos cuando pueda o quiera. Será el momento de recordarle, cara a cara, que el PSOE es la alternativa y no muleta del PP. El bloqueo lo tiene que resolver quien lo ha creado: ella». Mi duda era por qué lo niega. En principio, pensé —engañado por mi espíritu ingenuo— que había un resto de caballerosidad, para evitarnos el alipori de ver la torpeza política de Guardiola en todo su apogeo.
Pero en la moviola se observa claramente que, además de la propensión socialista a la mentira por la mentira, la intención de José Luis Quintana es chulesca. Reafirmar, con más fuerza y, si es posible, cara a cara, que ni de broma.
María Guardiola, sin embargo, no ha desaprovechado la oportunidad de quedar todavía peor y ha dejado al socialista por lo que es, mentiroso. Ella sí llamó, faltaría más. Ea. Y se ha mostrado tan confusa como está: «La única verdad es que no negocio con este PSOE ni con el sanchismo. Pero sí te llamé y te pedí, por responsabilidad, que el PSOE debía abstenerse». Escribe «la única verdad» y, a renglón seguido, cuela una bola. No negocia con él pero sí le pidió la abstención. ¿Eso qué es? Naturalmente, negociar y, además, un regate a sí misma, a la lógica y a la oportunidad política, que acaba fuera de juego. Tras ver la moviola dan ganas de sacarle tarjeta roja por esta entrada brutal a la altura del menisco de la inteligencia.