«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

La Navidad de los justos

24 de diciembre de 2025

El vídeo de Pantomima Full sobre la triste Navidad es un video de tiesos. Ellos empezaron retratando imposturas, delirios de grandeza, y ahora hacen cosas sobre los que, si acaso, visten de reparos su estrechez.

Me encanta el detalle de los regalos: unas camisas para él, unas cremas para ella, pero sin sorpresas, a tiro hecho. Creo que Pantomima no quiere captar el gusto de hacer economías en pareja, de aprovechar el gasto. Así regalan mucho las madres.

Es genial que en Nochevieja esperen a ver lo que inventa la Pedroche, que ha sido llevar al erotismo ese empobrecimiento irremediable en forma y fondo.

Se hace un poquito de coña, cariñosa, del pobretón. Recuerdo una cosa que dijo una columnista de El País: ella no iba en metro para no ver pobres, porque sufría. Ahora pobre empieza a ser el normal, el que va con lo justo. No es un pobre de solemnidad, es un pobre de rigurosidad.

A la cajera del supermercado le pregunté hace unos días si notaba más trabajo por la Navidad, y muy resuelta contestó: «Ninguno, la gente compra a partir del 22. ¿Qué van a comprar con lo que ganan?». La latita de anchoas venía en un envase de seguridad. El señor que pedía en la puerta ya dejó de ir.

Al pasar mi carrito por la sección de congelados, cogí al vuelo un diálogo de dos señoras: «Ningún langostino es feo», decía una. Y me alegró. Quién no recuerda a Rodolfo Langostino, el galán de «llevame a casa»…

España ha caído en la tiesura. El fondo pobretón siempre lo tuvimos, pero resistía algo anterior que se nos borra. Una sociedad de consumo sin mucho consumo es una cosa rara. RDA con colorines, con salsas srirachas sobre las cosas. Antes los anuncios vendían esplendor, ahora comunidad y salchichón y jóvenes aspirando a unas hamburguesas.

La tiesura actual quizás irá desarrollando sus costumbres, y las haremos entrañables. Incluso en lo más hondo del sanchismo hay cosillas: sube la renta disponible, baja la tasa de suicidios…

Lo de Pantomina, al fin, es el grinch del tieso, la navidad del justo, pero ¿no verían como una pantomima full la alegría sin más? ¿No se burlarían un poco?

La gente sabe estar contenta sin dominar del todo el motivo. Las luces brillan, el metro todavía se puede coger, rozándose los acentos, y Madrid está a su manera hermosa y prohibitiva. Sin aporofobia y sin ricofobia, las cosas aun se pueden disfrutar un poco.

Es mi primera Navidad como padre. Siempre pensé que estaría alegre, pero estoy igual. Más preocupado quizás, y un pelín cansado. Porque siempre estuve contento en Navidad. He concretado mi alegría en un Belén que vino por Amazon y va soltando musgo; el otro belén: una bandejita con surtido de mantecados y turrón del blando; y hoy mandaré los mensajes navideños y haré acopio de una alegría como de tonto de pandereta que se irá acumulando y en la cena será felicidad por los que están cerca y añoranza y amor (seguramente culpable) por los que no. Hay un hilo entre la alegría y la emoción, aunque también puede ser el efecto de la paternidad sobre la testosterona.

Si esta alegría mía tan comercial, tan tontorrona y del montón, tan alejada de su pleno sentido espiritual (que trato de alcanzar, y me quedo a medias), es así, ¿cómo sería en su origen? Si esta alegría de anuncio de Lotería, remedo sentimental, aun es grande, ¿de qué inmensa dicha proviene? Si no es exactamente lo que era, ni es lo que tiene que ser, y aun así es tanta, ¿cómo sería su big bang?

En el fondo de tus ojos, chiquirritín, veo cuando yo no esté, pero estarás, ¡y estoy!

Feliz Navidad, queridos amigos y amigas.

Fondo newsletter