Los Who cantaban My Generation, pero lo de la generación era para los que se dedicaban a ser jóvenes de forma profesional, los políticos universitarios o las escritoras ninfas de los suplementos culturales.
Ahora hay una gran conciencia generacional justificada por la difícil perspectiva que afrontan los jóvenes.
Y con esa conciencia vienen otras cosas. Por ejemplo, la idea implícita de que en las generaciones tiene que haber algún tipo de justicia, una cierta igualdad, o al menos un equilibrio. Una especie de socialismo generacional. Cuando lo dicen individualistas aun resulta más extraño y uso extraño porque ni siquiera me atrevo a pensar que sea algo equivocado; surge de esa conciencia generacional la noción de desigualdad. Hay jóvenes liberales insensibles a la justicia social que reclaman la generacional.
También se observa en ellos, derivada de la misma conciencia, una especie de amargura no dicha por saberse de una generación demográficamente escuálida; por ser pocos, menos en número y por ello condenados. Una impotencia de origen. Han sido arrojados, nacidos así, les han hecho zoomers, endeudados y minorizados. ¿Les predispondrá esto en contra de lo democrático?
La impotencia demográfica les debería llevar a buscar acuerdos con otras generaciones, males menores, compromisos posibles… La generación ha de sumarse a un proyecto mayor.
Su punto de vista es útil porque, de tan libre, de tan genealógicamente rupturista, dice cosas distintas. Han convertido la rabia en desacato intelectual: pagaré tus pensiones, pero no sostendré ni uno de tus puntos de vista, parecen decir.
Si eso puede resultar inspirador, también hay algo estéril en su conciencia separada porque dificulta la unidad posible, crea grupos, y además confunde culpables: mandando el PSOE o la socialdemocracia durante décadas, la responsabilidad ahora la disuelven en la generación.
Hay una tendencia a la amortización acelerada del búmer sobre todo al hablar de las pensiones, un gasto que colapsa el sistema y que bien podría reformarse o reducirse, sí, pero ¿cuánto? ¿tanto como para que deje de ser algún día la gran partida, la piedra de Sísifo de nuestra hacienda? Es el sostén de la vejez de millones de personas que serán aun más en el futuro. Los amortizadores históricos, económicos y hasta humanos del boomer deberían ser pacientes porque hablamos de millones de personas durante décadas.
A veces uno se sorprende pensando así por la fuerza repetitiva del mensaje zoomer, por su pegada, su ira argumental, su acre agudeza (del meme al noble dato) y la capacidad para imitar la viralidad, para hacerse enjambre. Esto contagia, porque también se ha hecho ideología, visión, explicación del mundo, y por eso hay boomers y equis y millennials que lo imitan, que desean hablar así, pensar así. Se ha puesto de moda ser joven, como si en lugar de darles la razón por disimulo e interés como ha sucedido siempre con los jóvenes, ahora la tuvieran de verdad.