«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

La posibilidad de una isla

21 de noviembre de 2025

Los medios titularon estos días con la lista de Epstein y su isla. Lo que nunca existió, de repente existía. Fue porque podía hacer daño a Trump. Ahora que él ha decidido sacarla, igual se vuelven a olvidar.

Las primeras revelaciones afectan a los demócratas y al propio Epstein, de quien se dice que tenía un miembro «extremadamente deforme» y además mínimo, un micropene con «forma de limón», lo que resulta algo contraintuitivo. ¿Cabe mucha «extrema deformidad» en un micropene?

Casi a la vez, un documental, basándose en el análisis de su ADN, lanza la hipótesis de que Hitler también tuviera micropene. Esto de los documentales de Hitler es inagotable. Un realizador de documentales de Hitler no se muere de hambre…

Se supone que superar la Guerra Fría iba a acabar de sacar a Hitler de las conversaciones, pero era mentira. Ahí sigue. Los que querían dejar de hablar de él son los primeros en volver a hacerlo.  

Lo del miembro podría deberse a un síndrome, el de Kallmann, que entre otras manifestaciones presenta la ausencia de olfato. Sin poder disfrutar de las comidas, muy mermado en lo sexual y fracasado para el arte, Hitler se podía haber dedicado a ideólogo de Internet, pero entonces no había Internet.

Los soldados ingleses tenían una canción sobre la insuficiencia de Hitler que recuerda a la de Gurruchaga: «Colón tenía un huevo, ¡solo uno! Ni dos ni tres»… Los ingleses se reían de los problemas testiculares de los nazis (Goebbels no tenía balls), igual que en Vietnam los americanos cantaban «Ho Chi Minh eres un hijoputa, la tienes con ladillas y diminuta».

Estas leyendas siempre se lanzan sobre personajes así. Por eso a Trump pronto le pintaron retratos desnudo con micropene. Y lo mismo se decía de Napoleón. Con él la cosa fue más lejos porque su miembro fue extirpado, conservado como reliquia y trasmitido de mano en mano (en un cofrecito) hasta llegar a un médico coleccionista que lo analizó y llegó a dar un tamaño: cuatro centímetros en reposo, seis en erección.

Además del pene, de Napoleón corría el mito de que tenía un solo testículo, cosa confirmada para Hitler, que no lo perdió por metralla sino porque nunca le descendió. También de Franco se ha dicho que era ciclán y no sabemos cuál es la doctrina de la Memoria Histórica al respecto. Decir uno le disminuye, pero también lleva a pensar qué hubiera hecho con dos.

Tener un solo testículo se llama monorquidia, así que todos ellos eran monorcas. Ahora que se cumplen los 50 años de la muerte de Franco, otros aprovechan para celebrar (qué casualidad) los 50 años de monarquía: son los monárquicos, que no hay que confundir con los monórquicos. También hay gente monórquica de toda la vida.

Hitler, Epstein… Estos rumores son un poco injustos para las personas con micropene. Es como en las películas de asesinos en serie, que el psicópata siempre es culto y escucha música clásica. Por si no fuera ya bastante con el tamañismo de esta sociedad, el dueño del micropene tiene que cargar con la sospecha de llevar un monstruo dentro, ya que no por fuera; de poder ser un poco Epstein, de albergar en el interior una posible isla.

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