«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

La pulsera

25 de septiembre de 2025

El destino tiene sentido del humor. El Gobierno quiso enredar a VOX en el más ridículo de los escándalos a cuenta de unas pulseras con la bandera de España —con la que está cayendo— y ahora le estalla en la cara el escándalo real de unas pulseras contra maltratadores que no funcionan.

Todo el mundo y su hermana están asegurando que las pulseras de mercadillo que compró Igualdad no funcionan, que es como tener en la muñeca una pulsera del PSOE, pero en el ministerio siguen diciendo que es todo un bulo. Total, llevan ya años diciendo que Trump recomendó a los norteamericanos beber lejía contra el covid y así siguen, qué importará que se haya desmontado cien veces.

Entiendo que para las víctimas debe de ser un asunto espeluznante, pero a los efectos de la decisión que tomó en su momento Igualdad, entonces bajo la égida de Irene Montero, es secundario si funcionan o no. Lo que importa es el mensaje que transmite su compra.

La izquierda es performativa. Actúa mediante el pensamiento mágico, como con los puntos violeta contra el acoso o los semáforos con muñequitos femeninos: cuestan un pastón, no sirven para nada, pero alimentan el mensaje propagandístico adecuado.

Después de un curso de apagón, riada mortal e incendios apocalípticos, Pedro anunció sus prioridades para el nuevo: cambio climático y feminismo. En el primero no puede hacer nada, porque el peso de España sobre el planeta es cada vez más ligero y ni las políticas verdes más empobrecedoras y extremas van a alterar siquiera una milésima de grado en el termostato terráqueo, sobre todo cuando la primera potencia se sale del club diciendo que todo el asunto es una farsa y la segunda abre centrales de carbón como si no hubiera mañana.

En cuanto al feminismo en este reino de las amazonas, no sé qué les queda, a no ser que hagan obligatorio que los varones vayamos por la calle vestidos de vil sayal, con ceniza en la cabeza en señal de penitencia.

Es más divertido y seguro perseguir fantasmas que atajar problemas.

La izquierda critica a la derecha por lo lejos que se queda del ideal, mientras espera que se le juzgue por sus buenas intenciones. Las cosas que inventa no tienen que ser eficaces, basta que reflejen la bondad de sus corazones. A nadie se le ocurre que la Flotilla del Amor, con su look and feel de fiestuqui extemporánea de una casta ociosa y sus paradas técnicas en Mykonos, vaya a parar masacre alguna en Gaza. Pero, oye, se han colocado en el «lado correcto de la Historia», que es lo que cuenta.

En cuanto al hecho concreto de que las pulseras hayan dejado de funcionar, tampoco es extraño tratándose de la izquierda, tratándose de un rasgo que persigue a todos sus intentos de acercarnos a la utopía. La primera vez que leí 1984 no me chocó la idea de una tiranía socialista que instalara pantallas espía en cada casa; lo que me resultó poco creíble es que siguieran funcionando al cabo de un año.

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