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La Gaceta de la Iberosfera
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Nahem Reyes (venezolano, 1979). Doctor en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello, Certificate of Strategy and Defense Policy of William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies of National Defense University (Washington, D.C.). Analista y Consultor político, especialista en Relaciones Internacionales y, actualmente es Miembro Asociado del Centro de Estudios de América de la Universidad Central de Venezuela.
Nahem Reyes (venezolano, 1979). Doctor en Historia de la Universidad Católica Andrés Bello, Certificate of Strategy and Defense Policy of William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies of National Defense University (Washington, D.C.). Analista y Consultor político, especialista en Relaciones Internacionales y, actualmente es Miembro Asociado del Centro de Estudios de América de la Universidad Central de Venezuela.

La rebelión contra la tiranía de Trudeau

13 de febrero de 2022

El brote viral de coronavirus surgido en la ciudad china de Wuhan y la posterior negligencia o encubrimiento intencional a la tiranía comunista de Xi Jinping por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) provocaron una pandemia ante la que cada país aplicó una serie de medidas sanitarias -como supuesta receta para impedir la propagación de la enfermedad y mantener a salvo a la población-. No obstante, diversos gobiernos aprovecharon para aplicar -incluso ilegalmente- un conjunto de medidas que a la postre solo significaron un severo cercenamiento a las libertades ciudadanas y un avance acelerado en políticas referidas a la ideología de género.

Las medidas supuestamente sanitarias de Trudeau se tradujeron en un denodado esfuerzo para desarrollar un nuevo orden social en Canadá

Uno de esos gobiernos que más se aprovechó del contexto de la pandemia del virus chino fue el gobierno del libero-progresista Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau, quien basado en la “Declaración de Emergencia Nacional” de 2020 -una medida legislativa creada en 1985 y que reviste un carácter tanto excepcional como temporal para ser aplicada sólo en caso de un ataque a la seguridad y el territorio de Canadá- impuso una verdadera tiranía sanitaria apalancada en mandatos ejecutivos.

Las medidas supuestamente sanitarias de Trudeau se tradujeron en un denodado esfuerzo para desarrollar un nuevo orden social en Canadá, orden con medidas como el cierre de fronteras, el cierre de escuelas, el seguimiento del movimiento de los ciudadanos por medio de GPS, restricciones de apertura de negocios y restaurantes, toques de queda en algunas ciudades del país, etc, que significaron la quiebra de al menos 200.000 pequeñas y medianas empresas en todo el territorio canadiense.

Pero Trudeau no limitó su acción y subió un peldaño más en su política de control poblacional de Canadá con la imposición del llamado «pase sanitario» o «pase verde» de carácter obligatorio para las industrias reguladas por el gobierno federal. El pase sanitario fue el punto final que levantó a los camioneros, que se opusieron a la medida y decidieron marchar hacia Ottawa. La respuesta del Gobierno de Trudeau fue totalmente despreciativa e indolente hacia las demandas de la ciudadanía. Llamó a los manifestantes «grupo marginal».

Pero el «grupo marginal» terminó contando con más de 50.000 camioneros que llevan más de una semana bloqueando la ciudad capital de Ottawa, constituyendo una histórica y bellísima manifestación pacífica totalmente inédita en la historia reciente de Canadá. Los camioneros han recibido un apoyo masivo de la población. Y el del expresidente de EEUU Donald Trump, el empresario Elon Musk y el prestigioso académico canadiense Jordan Peterson.

La contundencia de la protesta hizo que Justin Trudeau, como buen izquierdista, se escondiera a la par que las grandes cadenas de comunicación canadienses silenciaron lo que estaba ocurriendo un levantamiento pacífico de la población contra el Gobierno y las autoritarias medidas del Primer Ministro canadiense. La actuación de los grandes medios constituye una abierta manipulación de la realidad para favorecer la agenda progresista del Gobierno federal, que no es otra cosa que esta tiranía acientífica de las medidas anti-covid que aprovechó para imponer abusivamente políticas de la llamada «ideología de género», todas altamente impopulares porque no gozan del respaldo de la mayoría de la población y atentan contra su libertad y contra su propio bienestar económico. 

La táctica [de Trudeau] es torpe e irresponsable, pues evidencia una suprema indolencia hacia el sentir de la población a la que gobierna

Volviendo al papel de los medios vale destacar que una semana después las grandes cadenas internacionales de noticia comenzaron a dar cobertura al «Convoy de la Libertad», pero manipulando la información y difundiendo la mentira: no se trata de una protesta de «la ultra-derecha» o de «anti-vacunas», nada más lejos de la realidad. Según el líder del propio movimiento, la mayoría de los transportistas están vacunados y su rechazo es a la exigencia de la obligatoriedad del «pase sanitario».

El derrotado y cobarde Trudeau, después de 48 horas de silencio total, apareció para anunciar que él y sus hijos padecían covid-19 y que fue trasladado a un lugar secreto por razones de seguridad, una táctica torpe e irresponsable, pues evidencia una suprema indolencia hacia el sentir de la población a la que gobierna. Los líderes del «Convoy de la Libertad» anunciaron que seguirían bloqueando vías hasta el levantamiento de todas las medidas coercitivas y anti-libertarias decretadas por el gobierno progresista. Y algunos sectores ya han comenzado a exigir la renuncia del Primer Ministro Trudeau.

Trudeau, el dirigente estrella egresado del programa de líderes del Foro Económico Mundial y peligroso admirador del modelo de la China comunista (igual que Klaus Schwab), hoy está literalmente sitiado. 

Es preciso alabar el despertar pacífico y cívico de miles de personas que se oponen tanto a la tiranía sanitaria como a los abusos gobernativos que aprovecharon el contexto de la pandemia del virus chino para imponer las políticas de género contra la voluntad y el sentimiento de la mayoría de la población, su tradición y cultura. Las personas quieren ante todo libertad, trabajar en paz y no tener un Estado que se entrometa en sus vidas y en su bolsillo, ni que les ordene como criar a sus hijos o cuidarse la salud.

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