«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
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Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.
Ilicitana. Columnista en La gaceta de la Iberosfera y El País de Uruguay. Reseñas y entrevistas en Libro sobre libro. Artículos en La Iberia. Autora del libro 'Whiskas, Satisfyer y Lexatin' de Ediciones Monóculo.

La revolución moderada

5 de diciembre de 2023

Borja Sémper acaba de ser confirmado como portavoz nacional del Partido Popular y ya está lanzando conceptos que podrían tener un largo recorrido político. No ha tardado nada. La gravedad de la situación que vivimos requiere contundencia, cantautores y conceptos que vayan a pasar a la historia.

Sémper propone una revolución, pero no una cualquiera. He aquí la genialidad, el acierto, la demostración de su talla política. Quiere una «revolución moderada» (sic). ¡A las barricadas en calcetines de rayas!, ¡per consensum ad astra!, ¡bajo los adoquines, el Estado de Derecho!

En consonancia con el portavoz y estratega, Feijoo anunció hace algunos días una oposición «proporcional y proporcionada» ante el «actual gobierno radical». Asimismo declaraba que nadie, ni el Gobierno ni sus altavoces mediáticos, «conseguirán amedrentarles». Eso no deja de ser cierto porque ya vienen amedrentados de casa. 

El llamado «pasteleo» y los pasteleros son un clásico de la política patria desde el Trienio Liberal. Allende la piel de toro, Abel Bonnard, académico y perteneciente a un conjunto de escritores e intelectuales franceses (de Barbey d’Aurevilly a Bardèche) malditos, incompatibles con los valores democráticos de nuestros días, es quizá quien mejor los ha descrito en su obra Los moderados, publicada en 1936. Hay pasajes que no tienen desperdicio y nos recuerdan que no hay nada nuevo bajo el sol. Según cuenta Bonnard, durante una sesión parlamentaria en 1919: «Los moderados (…) parecían siempre ávidos de una confusión que les permitiera unirse a sus adversarios. Cuando un ministro se expresaba sin excesivo desdén hacia ellos, lo aplaudían entusiasmados. Cuando uno de ellos, al contrario, tomaba la palabra en su nombre con algo de vigor, se apartaban de él rápidamente; lo abandonaban utilizando el silencio antes de librarlo al enemigo en los corrillos parlamentarios. (…) Maltratados, parecían únicamente deseosos de probarse a ellos mismos que no estaban en una batalla, rehusando plantar cara».  

En otro pasaje de su obra, Bonnard señala aquello, inconfesable, que alimenta el espíritu de la política moderada: «Oí a uno de los más notables diputados decir desde la tribuna de la Asamblea: «¡somos los girondinos!» ¿Se preocupaba de indicar el parecido doctrinal entre su grupo político y los hombres de la Gironda? De ninguna manera. Lo que le fascinaba de los girondinos, por extraño que parezca, era la derrota».

Es un clásico de la política de nuestros días vendernos que, cuando algo no funciona o ha fracasado, es porque no hemos tenido dosis suficiente de ello. Nunca hay demasiada «Europa» —vayan a las últimas declaraciones de Mario Draghi—, así como tampoco podemos conformarnos con el nivel de moderación que padecemos. Cuando miramos a estribor, todo es pura viscosidad moderada, pero necesitamos más: ¡una revolución nada menos! Extra de queso sobre el extra de queso. 

Por descontado, la prensa orgánica ni se inmuta. Encomian la protesta pueril, las muequitas de Ayuso. ¡Somos mejores! —dicen—. ¡Salgamos a aplaudir a la Constitución a las ocho, ella lo merece! —tuitean—. Toleran los pactos de los populares con los socialistas y SUMAR para las comisiones en el Congreso pero levantan el dedo muy serios aconsejando que, cuando gobierne, el PP deberá hacer un cordón sanitario al PSOE. «Y les advertiremos de que va en serio»- escriben.

El pasado 1 de diciembre, con motivo de las jornadas de puertas abiertas en el Congreso, Mikel Izal tocó in situ unas canciones. El propio Sémper colgó en X una fotografía que recoge el momento en que asiste, arrobado, a la actuación del cantante navarro. Quizá estamos juzgando duramente a Sémper por desear más moderantismo mientras en Suiza el PSOE negocia el «charcuteo» de la nación. Quién sabe si, en esos momentos, sonaban los compases de Mi pequeña gran revolución.

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