Ahora todos los ministros se han vuelto tiktokers, o eso creen. Incluso Sánchez, en un nuevo intento fallido por simular cercanía, se ha grabado recomendando libros, aunque resulta tan creíble como si yo me pongo a hacer unboxing de alargadores de pene. La campaña ha sido tan discreta, y al tiempo tan evidente, que a mí me asalta una pregunta antes de cualquier otra: ¿quién ha pagado esto?
Desde el inicio de la tiktokización del Gobierno, los miembros del Consejo de Ministros han dejado de utilizar esta red social para subir trozos de sus aburridas comparecencias, y en su lugar tratan de emular el video cara a cara, por lo general explicando algo a sus espectadores con la absoluta confianza de que somos idiotas. Dicen que la idea es llegar a los jóvenes, pero viéndolo da la sensación de que quieren llegar a los jóvenes afectados por la epidemia de fentanilo.
Félix Bolaños llegó este martes a TikTok, Óscar Puente ya estaba, Pilar Alegría ni siquiera disimula que se lo dan hecho otros, Diana Morán lleva meses gozándolo, pero ahora habla de tú a tú, Sira Rego y Elma Saiz todavía no han entendido el asunto, y Mónica García se deja ver en su despacho moviendo mucho las manitas como le enseñaron.
En sólo diez días, Bolaños ha aparecido conduciéndose entre saltos de imagen como si hubiera sido editado por uno de los de la Kings League, que le hace un efecto como si Mortadelo se hubiera excedido con la cafeína mientas atraviesa un campo de minas a la carrera. En sólo diez días, Pilar Alegría ha trufado cortes aleatorios de su rueda de prensa con pegotes de recortes de prensa, supongo que con algún sentido al final. En sólo diez días, Óscar Puente se ha puesto a locutar en Tiktok un video sobre el Observatorio de Yebes, con la confianza de ser una mezcla entre Constantino Romero y Matías Prats abuelo. Y en sólo diez días, Diana Morant ha puesto la suela de su zapato contra la decoración de la sala de prensa de La Moncloa para parecer natural mientras habla, y luego se ha trasladado a otras localizaciones de la sala, incluyendo un par de frases clave pronunciadas mientas luce en el reposabrazos de una de las butacas de periodistas –“la ciencia la hacen los científicos y las científicas”-; diez segundos más de video y termina grabándose tumbada en la alfombra.
En sólo diez días hemos visto a Sira Rego subir a TikTok los «highlights» de sus intervenciones en radios y televisiones, lo mismo que Elma Saiz, que además los pone sin video, sólo con foto, que imagino a los community manager que le hayan vendido la idea a Sánchez pidiendo bajas masivas por depresión. En sólo diez días hemos visto a Mónica García ataviada con chaleco de Sanidad Exterior y sudadera, exclamando «misión cumplida» con un avión militar detrás: dice no sé qué de los niños de Gaza, pero habla como si acabara de terminar de operar con sus propias manos a mutilados de guerra.
Más. En sólo diez días hemos visto a Pedro Sánchez en el salón queriendo hacerse el campechano, recomendando música y libros: sentado en un sillón, traje sin corbata, y mirando al móvil mientras habla con absoluto desprecio por la cámara que le filma; así que resulta tan cercano como el estallido de una supernova en otra galaxia. Hace unas horas lo ha vuelto a intentar y han debido de reñirle por el traje porque ahora aparece con biblioteca de fondo —un clásico de la pandemia— y vestido con un cercanísimo jersey que, viendo que le cae como a Cristo dos pistolas, me juego lo que quieras a que aún lleva la etiqueta.
Y en sólo diez días hemos visto a Yolanda Díaz grabando un video reaccionando al vídeo de su gloriosa intervención en el Senado: «tenemos Gobierno de corrupción para rato». Según el guion, la vicepresidenta debía reírse de su propio lapsus de manera natural. Problema: Yolanda se desmembra de risa ante su equivocación, que a esas horas ya había visto cien mil veces, y a continuación, como en un rayo de ira distópica, su rostro pasa de la carcajada jovial exageradísima a la más severa enajenación, el rigor mortis debe ser algo similar, para insultar a la oposición con verborrea futbolera. Es falso, Rick, no lo dudes.
Con todo, más allá de la vergüenza ajena, la tiktokización del Gobierno nos ha dejado también momentos para la gloria. No sé lo que harán en las próximas semanas, pero nada, absolutamente nada, y nadie, absolutamente nadie, podrá superar al ministro Albares grabándose un TikTok rodeado de generadores eléctricos, pegando respingos maquinales como si le estuvieran dando corriente en la planta de los pies, y disfrazado de Joseba de Carglass. Bravísimo.