La verja y la valla
La verja y la valla
Por Iván Vélez
10 de agosto de 2026

La invasión marroquí de Ceuta, «crisis humanitaria» según el argumentario que repiten machaconamente los voceros progubernamentales que copan los medios, ha vuelto a poner de relieve la errática política exterior de España. Las imágenes de personas desvalidas se suceden en las pantallas. Un clamor ético se alza frente a ellas. «Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento» para unos, «ningún ser humano es ilegal», para otros. La confluencia eticista es un automatismo. 

Sin embargo, los seres humanos que aparecen en las telepantallas entran en Ceuta, que son llevados a Canarias, dejando un cayuco papista a su paso, no irrumpen en otros lugares del globo, única realidad para aquellos cuyo reino —o república— no es de este mundo. Uno de esos lugares es el Peñón de Gibraltar, reliquia colonialista, nuclear y paradisiaca en lo monetario. A ese enclave que cada día aumenta la brecha económica con su Campo no acceden seres humanos. Migrantes según una jerga a medio camino entre el globalismo y el animalismo. 

La verja de Gibraltar fue desmantelada y abierta de forma definitiva el 15 de julio pasado. De este modo, la colonia británica a la que tanto hostigó, con razón, aquel general gallego al que arropaba una guardia mora, más galopante que migrante, pasó a formar parte del espacio Schengen. Ese espacio que la maurofilia socialista ha erosionado hasta el punto de provocar una crisis diplomática y fronteriza con Italia. El Sánchez de hoy critica a la Giorgia Meloni de siempre, esa que siempre ha defendido, como corresponde a todo gobernante que se tenga por tal, la firmeza de las fronteras de la nación que preside. Conviene recordar que el partido que presidía otro Sánchez, el de 2024, llamó «fascista» a Meloni. Tiempo después, P. S. desplegó todo su poder de seducción con la italiana. La necesitaba. Un tercer Sánchez, el de estos días, el representado por una boya fláccida tan evanescente como el vaho de una sauna, ha decidido tensar las relaciones con Italia. El credo oficial sobre Marruecos es que es un socio absolutamente fiable.

Sin embargo, sin sociedad fiable de por medio, a Gibraltar no llegan las avalanchas migratorias. Una excepción, una anomalía que sólo puede explicarla la geopolítica, que no las corrientes marinas ni los petaqueros del campo gibraltareño. Gibraltar, esa suerte de Isla de la Tortuga, no es propicia para las mantas coloradas de la Cruz Roja. Al cabo, el Peñón es uno de los lados de un cuello de botella cuyo paralelo quiere controlar Marruecos. Un objetivo que requiere de la incorporación, que no recuperación, de las ciudades españolas y de esos peñones que son, nunca mejor dicho, piedra de toque para conocer los alcances en materia de soberanía que cada comentarista exhibe. 

Marruecos es bienquisto por Estados Unidos. De hecho, desde hace tiempo es destinatario de un nuevo Plan Marshall. Es, al contrario que España, un socio fiable con un proyecto expansivo que no molesta a los de las barras y las estrellas. Sánchez, el mismo que ha abatido la verja y la valla, es un individuo asediado por innumerables variedades de corrupciones. Aunque asume muchos de los postulados ideológicos de la América del elefante republicano, el madrileño, cogido por la presidencia por toda la patulea hispanófoba, no puede aumentar el gasto militar. De hacerlo se quedaría sin techo monclovita, principal garantía para evitar comer techo en un habitáculo enrejado.

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