«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

Las formas

27 de febrero de 2025

Ahora que los ateos no pueden postular un universo eterno e infinito, visto que es ciencia ‘asentada’ la hipótesis del ‘Big Bang’, pretenden que existen infinitos universos paralelos. De ser así, tiene que haber un universo en el que Kamala Harris gana las elecciones en Estados Unidos. Imaginémoslo por un momento.

En ese universo, Groenlandia sería tan apetecible para los intereses estratégicos de Estados Unidos como lo es para Trump. Pero todo lo demás sería diferente. Habría, digamos, un incidente en Nuuk, cualquiera, algo que encendería una protesta regada con abundantes fondos de la USAID y coordinada por el Fondo Nacional por la Democracia (NED). Aparecería Victoria Nuland bien abrigada en el lugar repartiendo galletitas entre los manifestantes. El New York Times revelaría atroces casos de represión del régimen colonial danés y de su marioneta, el gobernador Múte Bourup Egede. La CNN recogería el testimonio de represaliados. Habría, al menos, un muerto. Hasta que, al fin, Múte volaría huyendo a Copenhague y los insurgentes proclamaran la libertad y firmaran una alianza muy especial con Estados Unidos.

El resultado sería, en fin, prácticamente idéntico al que pretende Donald Trump, pero con toda la parafernalia hollywoodiana y el espectáculo de luz y sonido que hasta la fecha ha considerado necesario el Departamento de Estado para que no solo aceptemos sus maniobras geopolíticas sino que las apoyemos con entusiasmo.

De todos los nombres que se le puede dar al tiempo nuevo en el que estamos entrando a ritmo acelerado, quizá el que más me gusta es el de la Gran Aclaración. Se ha encendido la luz, se ha apartado la cortina que escondía al titiritero. Trump expulsa a los guionistas de historias lacrimógenas y dice, sin más, lo que quiere.

Por eso cae fatal, especialmente en las cancillerías europeas. Como la coqueta envejecida que es, Europa necesita las acostumbradas mentiras halagadoras. Ha estado más que dispuesta a imponer a sus pueblos los intereses norteamericanos sin chistar, siempre que se mantuvieran las formas y Washington fingiera que todavía pintamos algo. Y ahora viene Trump a ponernos un espejo delante de la cara. ¿Cómo no odiarlo?

La administración norteamericana de antaño creaba una historia. Soldados iraquíes desenchufando incubadoras en Kuwait, armas de destrucción masiva, ataques con armas químicas. Trump anuncia lo que va a hacer.

En Alemania ha vuelto a ganar el oficialismo, en parte fingiendo en campaña que hará algo para que Alemania siga siendo alemana, y lo ha negado al día siguiente de su relativa victoria, dejando claro en su discurso que lo que le importa es Europa, en el sentido de que Bruselas da a la palabra. Francia y Gran Bretaña se conjuran para seguir apoyando a Ucrania en una guerra perdida, contra las intenciones de Estados Unidos. La jefa de la diplomacia de la Comisión, Kaja Kallas, desafía abiertamente al coloso americano.

Recuerdo, al principio de la guerra en Ucrania, el repetido mensaje de que Rusia se había convertido en una nación paria, aislada de la comunidad internacional. Luego resultó que la citada ‘comunidad internacional’ eran la anglosfera y la Unión Europea, mientras China y eso que llaman «sur global» seguía tranquilamente en tratos con Moscú.

Hoy, en cambio, la soledad de Europa es real. Le han cambiado bruscamente el guion cuando la película estaba muy avanzada y ha enloquecido. Ahora está enfrentada con Rusia, con Estados Unidos y con China. En otras circunstancias podría resultar un cuadro heroico, una Numancia enfrentada al mundo entero. En la realidad, en cambio, sólo resulta patético porque todo es el resultado de un autoengaño, de la última ilusión de la burocracia que ha destruido Europa.

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