«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Periodista, documentalista, escritor y creativo publicitario.
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Licencia para ver porno

4 de julio de 2024

En las sociedades modernas observamos un celo selectivo y desproporcionado por la salud corporal. Mientras algunas leyes permiten y fomentan el suicidio asistido, la trituración de bebés o la mutilación de genitales, otras persiguen con desmesurada inquina el tabaco, el alcohol y el azúcar. Siendo estos tres últimos elementos además, indispensables para que una sobremesa sea una auténtica sobremesa y no una triste reunión de trabajo. 

Así, mientras el control de esos tres placeres celestiales es férreo y obsesivo y se castiga su consumo con impuestos excesivos, desagradabilísimas campañas e intromisiones escolares —so capa de cuidar de la persona—, muchos siguen muriendo bajo el amparo de la ley. 

Por otro lado, lo que parece no preocupar lo más mínimo a nuestros gobernantes es la salud espiritual. Como si no fuera importante y un gran bien social. Sin salud espiritual el cuerpo entero se descompensa. A veces se vuelve raquítico, otras se llena de sarpullidos, incluso se degrada hasta corromperse. Por eso hay que celebrar aquellas medidas que, aun siendo ineficaces e insuficientes, apuntan en la buena dirección y están dotadas de buena pedagogía, como ha sucedido con la última ocurrencia del Gobierno que, aunque de un modo absurdo y seguramente sin pretenderlo, estigmatiza y busca restringir la pornografia, al menos a los menores.

El daño es el mismo para un chaval de dieciséis años que para un adulto de cuarenta, y da lo mismo consumirla de vez en cuando o a diario. Pero, tratarla como algo dañino para los chavales —aunque luego les enseñen en clase a masturbarse y les regalen preservativos a la salida del cole— es un pequeñísimo paso adelante, aunque todavía muy lejos de la deseable prohibición a menores y adultos.

Por respeto a la dignidad del que la produce —por muy libremente que decida despreciarse— y por respeto a la dignidad de los tristes que consiguen un placer solitario a golpe de clic, hay que acabar con este virus que destruye personas y familias, convirtiendo a seres humanos funcionales en alimañas babosas.

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