«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Si me llamas asesino te mato

28 de noviembre de 2013

El Consejo Audiovisual de Cataluña quiere cerrar Intereconomía, y también esRadio, y 13Tv, y cualquier cadena o empresa de comunicación que no rinda pleitesía al aspirante a rey Arturo, que es quien les amamanta hasta el empacho. Creo que son cinco millones los que estos tipos –colocados a dedazo del führer– se reparten al año, y claro, por esos sueldos están dispuestos a lo que sea, ya sea cerrar una televisión o invadir Polonia.

 

Lo más curioso es que los del CAC argumentan su fiebre censora en que desde estos medios se acusa al nacionalismo de tener métodos totalitarios, y que en ocasiones incluso se compara el régimen catalán con aspectos del nazismo. O sea, que para demostrar que no son totalitarios, lo que hacen es perseguir la libertad de expresión. Todo muy lógico. Es como si llamas asesino a un pistolero y te responde: “Me estás ofendiendo y te voy a pegar dos tiros”. Esto sucede porque el nacionalismo –además de totalitario, que por supuesto que lo es– se ha convertido en una auténtica paranoia. El mismo esquema de perturbado mental siguen en otras cuestiones. Por ejemplo, están convencidos de que perseguir a los castellanohablantes, prohibirles educar a sus hijos en su lengua materna, y multarles por rotular sus comercios en español, son formas de defender la libertad; creen que pagar menos al fondo común y recibir más que nadie tiene algo que ver con la justicia; y lo que entienden por fraternidad ya mejor no preguntarlo, porque será dedicarle calles y plazas a los terroristas de Terra Lliure, o similar aberración.

 

Todo esto tendría hasta cierta gracia, si no coincidiese el informe totalitario del CAC –en el que se habla de incitar al odio– con el recibimiento triunfal que ayer mismo le hacían a un etarra, entre cuyas hazañas se cuenta la del asesinato de un niño de tres años. Estos días lúgubres de la Amnistía Rajoy, lo menos que podían hacer los nacionalistas, –todos los nacionalistas– es permanecer prudentemente callados. Porque en las últimas décadas sólo ha existido un odio en España: el que ellos han ido sembrando por toda la península. Y sólo unas víctimas de ese odio: los españoles que han muerto por el único hecho de serlo, entre los que estaba Fabio, ese niño de tres años. Recordemos que no ha existido una nacionalismo en España que no haya tenido su expresión terrorista y asesina, y de paso apuntemos en la agenda que otros nacionalismos, llamados moderados, pactaron con ETA una tregua en su territorio, bajo la premisa de no entorpecerse mutuamente.

 

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