«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

Los amigos internéticos

16 de febrero de 2022

La situación se torna desconcertante. Llevo más de dos años sin salir del domicilio por mor de la pandemia del virus chino. Durante ese tiempo, no he recibido en casa a ningún amigo, pero, con muchos de ellos, gracias a la internet, mantengo frecuentes conversaciones escritas o audiovisuales. El más asiduo es el hispanista Maciej Rudnik, desde Varsovia. Leo y escribo más que nunca, pues no me atan muchas obligaciones, fuera de las domésticas. Así, que este confinamiento ha dado en una buena combinación para alargar la vejez.

Los textos que yo envío a los amigos o a los desconocidos lectores, a través de los artículos, son como los mensajes que lanza al mar el náufrago a través de la consabida botella. Mi isla desierta se llama Cámelot, y no está en los mapas.

Lo novedoso de estos ejercicios de comunicación digital (si se puede decir, así) es que he hecho nuevos amigos, a alguno de los cuales no he visto nunca, aunque supongan una continua relación por medios internéticos. Pero, quiera que no, han contribuido a cambiar mi vida para mejor.

La nueva experiencia se va complicando. Lo que empezó como la obligación de contestar a unos pocos mensajes, estímulos para mis escritos, se ha convertido en una forma de dedicación. El bucle se enrosca, feliz, al propiciar nuevos artículos y ulteriores lecturas. 

Los humanos nunca paramos de conversar, bien con otras personas o, por lo bajini, con nosotros mismos, incluso, en los sueños. Acaso, sea este el secreto de la verdadera condición del homo sapiens

Pongo por caso algunas muestras de la correspondencia de esta semana. Andrés González Martín me descubre que, en el año 2005, el Gobierno de España diseñó un plan detalladísimo para el supuesto de una eventual pandemia de gripe. Que yo sepa, nadie ha consultado ese plan a la hora de enfrentarse con la resolución de la pandemia real del año 2020 y siguientes. Es algo intrigante; revela muy bien el derroche de medios de la Administración Pública.

Luis Español (no es un pseudónimo) comenta mi artículo sobre las distintas formas de decir o no en la conversación cotidiana. Me añade una estupenda versión de los baturros (los naturales de Zaragoza) para enfatizar el no a alguna solicitud o propuesta: Sí, por los cojones.

Damián Galmés me sugiere un principio léxico, en el que yo no había caído. A saber, los humanos nunca paramos de conversar, bien con otras personas o, por lo bajini, con nosotros mismos, incluso, en los sueños. Acaso, sea este el secreto de la verdadera condición del homo sapiens.

Con Gonzalo González Carrascal mantengo, todas las semanas, una larga videoconferencia. Aunque, luego, salgamos por peteneras, el propósito inicial es comentar una frase de algún autor clásico, propuesta por mi comunicante. Por ejemplo, ayer nos divertimos con esta sentencia, pronunciada por Pío Baroja, en 1904. La ocasión fue una tertulia madrileña de jóvenes artistas y escritores, casi todos llegados a Madrid desde otras provincias. Años más tarde, todos ellos iban a ser considerados miembros de “la generación del 98”. El escritor donostiarra expone las siete clases de españoles: 1) los que no saben, 2) los que no quieren saber, 3) los que odian el saber, 4) los que sufren por no saber, 5) los que aparentan que saben, 6) los que triunfan sin saber, 7) los que viven gracias a que los demás no saben. La última categoría es la de los políticos o los intelectuales. He aquí, maravillosamente, expuesto, un epítome del pesimismo o, si se quiere, del ánimo crítico. Obsérvese que la jocunda taxonomía se forma en torno a la acción de saber. También, podría ser la de averiguar, esto es, saber con esfuerzo y voluntad. Hoy, seguiría teniendo una conveniente aplicación. Queda claro por qué Pío Baroja es un clásico.

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