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(Krasnystaw,1975) Comenzó su aventura con el periodismo a los 15 años, pero como dibujante satírico. Se graduó en Humanidades en La Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin y continuó trabajando como dibujante, diseñadora y caligrafa, publicando también artículos y ensayos en varias revistas polacas. Desde 2017 trabaja como periodista y especialista en historia y política actual en España para el semanal "Do Rzeczy" y en medio informativo "Do Rzeczy" digital. También colabora con dos cadenas de radio: Radio Wnet y Radio Polaca 24; en el centro de pensamiento conservador Teologia Polityczna y el catolico Polonia Christiana.
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(Krasnystaw,1975) Comenzó su aventura con el periodismo a los 15 años, pero como dibujante satírico. Se graduó en Humanidades en La Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin y continuó trabajando como dibujante, diseñadora y caligrafa, publicando también artículos y ensayos en varias revistas polacas. Desde 2017 trabaja como periodista y especialista en historia y política actual en España para el semanal "Do Rzeczy" y en medio informativo "Do Rzeczy" digital. También colabora con dos cadenas de radio: Radio Wnet y Radio Polaca 24; en el centro de pensamiento conservador Teologia Polityczna y el catolico Polonia Christiana.

Los polacos no sabemos rendirnos

¿Saben dibujar el contorno de las fronteras de su país? 

Es como dibujar el perfil de un rostro de alguien amado, hay que dibujarlo con cierta ternura. La frontera guarda el lugar donde fuimos traídos al mundo y donde están nuestros seres queridos, incluido los difuntos a quienes tanto debemos.

El mundo de las fronteras abiertas es una utopía mortífera. Tanto Polonia como España tienen problemas en las fronteras. Aquellos que no quieren entrar legalmente en nuestra casa por la puerta principal están rompiendo las ventanas exigiendo hospitalidad por la fuerza. Pero primero cabe subrayar que esta no es una «crisis de inmigración», son ataques híbridos de regímenes vecinos con el consentimiento tácito de la UE. Polonia, que por cada centímetro de su frontera ha derramado ríos de sangre, no aceptará el juego perverso del dictador Lukashenko, ese títere en las manos del presidente Putin, ni el uso de personas como carne de cañón. 

Bielorrusia no es una ruta migratoria natural para los sirios, iraquíes, kurdos… Los trae el régimen bielorruso a nuestra frontera a través sus «oficinas del turismo» y a través de las aerolíneas prometiéndoles unos sueños falsos y utilizándolos como arma para desestabilizar Europa. Polonia no es “el país de los xenófobos” como dicen los medios de mainstream internacional. Somos un país muy acogedor para los inmigrantes, incluso somos líderes en cuanto al número de inmigrantes económicos admitidos desde fuera de la Unión Europea, principalmente ucranianos. Simplemente los polacos no permitiremos que nos chantajeen. Por un lado, es Bruselas la que nos pone una pistola en la cabeza, intentando doblegarnos y ahora, y por otro, nos pone una pistola en la cabeza, el dictador Lukashenko. Los ataques agresivos de inmigrantes están liderados por “Spetsnaz” bielorruso (las unidades de asalto e infiltración sometidos). Hay que saber que muchas formaciones uniformadas en Bielorrusia se remontan a la época de la República Socialista Soviética de Bielorrusia, creadas siguiendo las líneas de sus homólogos en la URSS. Todas las operaciones secretas y especiales aún hoy son administradas por la KGB, que es la columna vertebral de las estructuras de poder que realmente mantienen al régimen. 

La ayuda de la UE la necesitan más los presos políticos perseguidos por el régimen de Alexander Lukashenko

Es la guardia fronteriza bielorrusa la que distribuye alcohol para hacer que los inmigrantes sean más agresivos e inconscientes. Es Bielorrusia la que distribuye armas a los inmigrantes: gas, granadas aturdidoras y tijeras para cortar metales. Solo el martes, 12 polacos resultaron heridos por el ataque de inmigrantes. Cuando los guardias fronterizos polacos usaron por fin cañones de agua, después de cuatro horas de la defensa, los medios de comunicación rusos y bielorrusos informaron de inmediato que los servicios polacos estaban usando sustancias venenosas para atacar a los niños inmigrantes y que los polacos usaban “armas químicas”. Tales mentiras son difundidas por medios de propaganda rusófona muy poderosos. Los guardias fronterizos polacos hablan de los equipos bielorusos de filmación que, con fines de propaganda sobre la crisis humanitaria, ordenan desnudar a los niños, enfriarlos, hacen videos en los que muestran los guardias fronterizos polacos como crueles solo por usar el método llamado «pushback«, es decir la práctica de devolver a los inmigrantes a la frontera.

Pero en la realidad no solo los polacos somos víctimas de esta guerra híbrida, sino también los bielorrusos y el resto de europeos.

El miércoles, la Comisión Europea cometió un gigantesco error porque decidió transferir 700.000 euros a Bielorrusia para que se destinen a “ayuda humanitaria” para imigrantes traídos por los bielorrusos en la frontera. La oposición anti-régimen en Bielorrusia está en estado de shock por la decisión de Bruselas y los contactos de Angela Merkel con el dictador bielorruso. Destacan que la ayuda la necesitan principalmente los presos perseguidos por el régimen de Alexander Lukashenko, que son más de 860 personas encarceladas y torturadas, y cada día hay nuevas detenciones. Antes, se había detenido a los principales representantes de la minoría polaca en Belarús y se habían cerrado las instituciones educativas polacas. Son ellos los que necesitan ayuda humanitaria como prisioneros políticos del régimen de Lukashenko y no esos intrusos agresivos en edad militar  que, consciente o inconscientemente, sirven a Lukashenko como un arma.

Treinta años después de la caída del Muro, los países occidentales no pueden hacer frente a la política expansionista de Putin

La dramática inacción de Europa y los errores de la UE son demasiado visibles. Lukashenko no actúa solo. Es obvio por muchos motivos que el presidente ruso Putin es el principal actor que se esconde detrás de su espalda. Sabemos muy bien que los guardias fronterizos bielorrusos, junto con el jefe del Comité de Fronteras, visitaron Moscú hace algún tiempo para tener una actuación pactada con el Kremlin. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, dijo que la Unión Europea debería proporcionar a Bielorrusia ayuda financiera para que evitase que los inmigrantes ingresen a los países de la UE, tal y como financió antes a Turquía y Marruecos. ¡Es solo que Bielorrusia no está en ninguna ruta migratoria! Esta es una situación completamente diferente porque es Bielorrusia la que lleva a los agresores a nuestra frontera oriental de Europa.

Treinta años después de la caída del Telón de Acero y las autoridades de los países occidentales no pueden hacer frente a la política expansionista del presidente ruso Vladimir Putin ni al régimen títere bielorruso de Lukashenko. La UE aparta la mirada de los problemas e incluso los agrava cediendo a las demandas de Rusia de dinero por la «protección» de Bielorrusia. Es un obsequio inimaginable en forma de 700.000 euros a Bielorrusia por el ataque a la frontera polaca y europea, con la utilización criminal de vidas humanas, por poner en peligro la vida de los inmigrantes, por violar el derecho internacional y por las actividades bélicas híbridas de Lukashenko mientras que siguen bloqueando el dinero del fondo de la recuperación para Polonia por nuestros supuestos «problemas con el Estado de Derecho». ¿Son las fronteras también un enemigo de la UE porque no son lo suficientemente inclusivas y están demasiado poco abiertas a la diversidad? ¿Y es por eso que a esta Polonia conservadora y “reaccionaria” se le niega el dinero mientras que se lo regala al chantajista Lukaszenko?

Durante muchos años, la UE y los EE. UU han estado pagado un tributo a los países de Oriente Medio por mantener a unos dos mil millones de personas en su lugar de residencia. Viven allí como todos vivíamos antes, es decir, en un estado de guerra permanente contra todos los demás; todo cambió desde el momento  en cual obtuvieron teléfonos inteligentes de nuestro mundo y vieron lo que se estaban perdiendo. ¿Y qué haremos cuando dos millones de personas quieran entrar en nuestro pedazo del continente, transportados por aviones gracias a la ayuda «voluntaria» de los regímenes que odian a Europa?

Bueno, si podéis dibujar el contorno de vuestro país, de todos modos no os servirá de nada. La UE nos enseña a borrar estas lineas. España y Polonia son los baluartes del mundo de la Europa poscristiana que quiere rendirse, pero simplemente ni vosotros, los españoles, ni nosotros, los polacos, sabemos rendirnos.

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