«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Los tres cofres

7 de enero de 2026

Felizmente resacosos, al leer «tres cofres», ustedes pensarán en los tres Reyes Magos, tan magníficos. Pero ya llega, ay, o ya es llegada la prosa de los días laborables y hay que hablar de los tres cofres que el realismo político deja a los pies del Partido Popular. Más que a los de Belén recuerdan a los cofres de Belmonte, en la obra de Shakespeare El mercader de Venecia.

A los pretendientes de la bellísima Porcia se les propone escoger uno de tres cofres, el primero de reluciente oro, el segundo de espejeante plata y el tercero de plomo pesado. En uno de ellos se escondía el retrato de la dama. Quien lo encontrase tendría su mano; pero había que escoger con muchísimo tiento porque si se fallaba se perdían todas las opciones. El PP, tal y como están las encuestas, tiene tres cofres para escoger. El otro día escribí que dos, pero me corrigió algún lector generoso recordándome la hipótesis de Luis del Pino, y la he sumado con mucho gusto.

Hay un cuarto cofre, digamos que de platino, que, tal y como están las cosas, no está entre las posibilidades del PP. Es el de la mayoría absoluta y no lo descartamos nosotros, sino las encuestas. Vayamos a los que hay. El cofre de oro es el que plantea Luis del Pino: que el PP salga del armario y se declare honestamente socialdemócrata y se coma al PSOE, víctima de sí mismo, esto es, de su corrupción y de sus alianzas. El cofre de plata es que el PP se quite la careta del turnismo y pacte en España con sus unánimes socios de Europa (el PSOE). Se materializaría el Unipartido, esto es, el Gran Pacto, así con mayúsculas germánicas. El cofre de plomo es que Feijoo y Guardiola y Moreno Bonilla alcanzasen acuerdos con Vox sin poner cara de asco ni adoptar formas reticentes. Mucho plomo para algunos, como se ve.

Como en El mercader de Venecia, la elección no es sencilla. Pongamos que abren el cofre de oro. A fin de cuentas, es el que más reluce. Para el PP sería un sueño y para Vox sería un chollo, se quedaría como única alternativa de derechas. ¿Cuál es el problema? El suelo firmísimo del PSOE. Ni Ábalos ni Koldo ni Cerdán han conseguido que baje del 20%. Es un hueso duro de roer. No es Ciudadanos, que el PP se comió como un bombón. El hecho de que el PP le haya comprado la Memoria Histórica y toda la morralla demagógica al progresismo hace ahora muy difícil que degluta a los socialistas, protegidos por la superioridad moral que tan frívolamente se les ha concedido. Las loas de Feijoo y compañía a Felipe González y a Blas Infante no son inocuas. 

¿Elegirán entonces el cofre de plata? Llegar a un acuerdo de gobierno con los socialistas. Gustaría a la dirección del PP, pero el PSOE sabe que cualquier pacto es su suicidio. Unos votantes suyos adiestrados en el odio visceral a toda la derecha no se lo perdonarían jamás. En cambio, si el PSOE, a poco que le den los números, que le dan, se encastilla en la oposición y fuerza que el PP tenga que apoyarse —de muy mala gana— en Vox, en tres meses tiene ya la calle ganada y una huelga general en ciernes.

El cofre de plomo es el que menos apetece a Feijoo. Supone un giro de 180º a las políticas que llevan decenios aplicando y, además, a las que les imponen los suyos desde Europa. Sin embargo, sería la mejor solución para el PP porque pactaría con un partido que por ahora tiene menos votos que ellos, así que podrían liderar (cuantitativamente) los acuerdos. Cualitativamente, lideraría Vox, que ha leído mejor el signo de los tiempos, pero para muchísimos votantes del PP, que se autoperciben de derechas, no habría ningún susto programático, sino cierto alivio. Vox podría y tendría que exigirles muchísimo, pero ellos podrían asumirlo y hasta saldrían ganando.

¿El PP tiene que escoger? Bueno, si no lo hace, ya no a los cofres de Belén, sino tampoco aspiraría a los de Belmonte. Se quedarían como el burro de Buridán, que murió de hambre incapaz de decidirse. Su estrategia la harían las urnas a posteriori, y sería todo improvisación y susto, como en Extremadura.

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