Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta.
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Editor jefe de La Gaceta de la Iberosfera. Ex director de La Gaceta de los Negocios, Revista Chesterton y La Gallina Ilustrada. Ex vendedor de juguetes en El Corte Inglés. Voluntario de la Orden de Malta.

El lugar más frío de la Tierra

Ted Scambos, director del Centro de Nieve Nacional e Información del Hielo con sede en Boulder, Colorado, apuró su copa de ponche y dio un abrazo a una becaria rubicunda que se acercó a felicitarle. Scambos no sabía quién era, pero le palmeó la espalda mientras le susurraba: “No podríamos haber hecho esto sin ti”.

La becaria se ruborizó y bajó la mirada: “Gracias, señor Scambos”. El director la miró, le señaló con el dedo índice, chasqueó la lengua y dijo: “Llámame Ted”.

Ella notó que le ardían los mofletes y él hipó mientras le guiñaba un ojo. “Mañana me vuelves a llamar señor Scambos, ¿eh?” –dijo el director del Centro de Nieve, que sacó su teléfono inteligente del bolsillo y repasó los mensajes de felicitación. Scambos aulló y levantó el móvil como un trofeo: “¡Mensaje del presidente de los Estados Unidos!”. Todos los trabajadores del Centro se volvieron y silbaron hurras mientras Scambos les hacía gestos para que se aplacaran: “Os leo lo que pone: ‘Transmita mis más sincera enhorabuena a todos los miembros del equipo que ha logrado la hazaña de medir el lugar más frío del planeta. Con mis mejores deseos, Barack H. Obama’”.
Scambos palmeó la mano de Mark Lunney y bajó de nuevo la mirada hacia el teléfono. Los mensajes llegaban como un torrente: el presidente de la Unión Americana Geofísica, el cabrón de Vladímir, el jefe de la Estación Rusa de Investigación Vostok, el secretario de la Asociación Geográfica, el gobernador de Colorado, el equipo de Google Earth, José Manuel Rebolledo
Scambos torció la cabeza hacia la derecha al leer ese apellido. No conseguía recordar a ningún tipo que se llamara Rebolledo. Era un apellido español, sin duda, quizá de algún investigador argentino… Scambos tocó con el índice la pantalla y leyó el mensaje. Diez segundos después, Scambos, con el rostro demudado por el miedo, corrió a su ordenador y tecleó furioso mientras mascullaba: “¿Cómo puede haber nada por debajo de menos noventa y tres grados centígrados?”.

Scambos conectó el sistema de balizas de las estaciones meteorológicas del cuadrante treinta y cuatro norte y una larga ristra de números invadió la pantalla hasta que una cifra en rojo comenzó a destellear en la pantalla. Scambos masculló “menos cien grados”, se echó hacia atrás en su sillón y se tapó la cara con las manos. Cuando volvió a atreverse a mirar al monitor, miró la referencia geográfica de la temperatura y gritó: “¡Chicos, parad la fiesta!
Han encontrado un lugar más frío que la Antártida. Cindy, trae el atlas del despacho y localízame un lugar al norte de España, en eh, Guipúzcoa, llamado, eh, a ver, se llama… El corazón del obispo Uriarte; vamos, Cindy, rápido!”.

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