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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Make Ser Ministro Great Again

5 de julio de 2024

Después de asumir la ortodoxia bruselense con la inmigración y la Gran Regularización, el PP ha propuesto que la Armada controle los cayucos, una propuesta que fue de Vox y ahora hace suya.

Hace unos días, Alsina preguntaba a Feijoo por su posición en Francia: ¿Le Pen o el Frente Popular? «Yo, Le Republiqué». Su partido, Los Republicanos, otro de los viejos partidos conservadores europeos en crisis.

Feijoo se disfraza de derecha francesa gaullista pero en realidad es Macron. El PP es Macron, más decididamente tras fagocitar a Ciudadanos. El PP es el centro macronista comelotodo y expansivo. La paradoja de Macron es que habiendo querido superar a la derecha y a la izquierda, las ha polarizado. El PP está en otro momento. Un momento formativo. Acompaña al progresismo en su «avance», la vía Pons, de Bruselas a Madrid, y por otro lado copia el discurso de Vox sin pagar derechos. Esos actos de piratería política son quizás la actualidad más viva de la derecha española.   

El PP no es tonto, el PP se lo hace. Domina fuerzas son sobrenaturales: el aburrimiento español, el nihilismo profundo, el ping pong chino.

En realidad, la suya es una estrategia inteligente. Por un lado, toleran el cordón sanitario del sistema televisivo, mientras que por el otro van succionando a Vox. O debilitándolo. O desvirtuando su discurso. Lo hace Ayuso, por supuesto, pero también una auténtica órbita de «artefactos» políticos similares que rodean a Vox por todo su perímetro: Alvise, el abstencionismo que toma las papeletas, la derecha muscular de la desocupación y el guantazo, la izquierda nacional obrera, la jacobina neuronal, el propio PP genovés con la inmigración, Ayuso los días impares, por supuesto, y, por si no fuera ya bastante, un ¿movimiento? ¿un espasmo? ¿un ademán? ¿un posicionarse? ¿un mero posar? que surge ahora y reúne a algunos ex diputados de Vox bajo la bandera (suenan violines de intriga) de lo liberal.

Ahí la gran figura es Iván Espinosa de los Monteros, que concedió hace poco una interesante, por reveladora, entrevista en el espacio de Jano García.

Espinosa hace el discurso de Vox pero fuera de Vox. Lleva a Vox fuera de Vox, fuera de la zona estigmatizada, y al hacerlo lo que logra es un PP más inmigración. Le pone un poquito de tabasco al PP.
La base es la economía («¡Es la economía, estúpido!» era frase de los 90, pero vivimos en los 90 sin la música ni los precios ni la vida de los 90). Es un discurso contra el infierno fiscal, contra el Estado, su mucho tamaño, su lentitud, su antigüedad frente al dinámico mundo empresarial que Espinosa parece representar. Hay que bajar los impuestos, dinamizar la economía, adelgazar el Estado y eso, que no es nada del otro jueves, dicho por Espinosa le suena a los peperos y parapeperos a música celestial porque lo dice él, Espinosa de los Monteros (EdlM), un grande, como Cayetana Álvarez de Toledo, por reunir dos cosas valoradísimas en la derecha española: cuna y fluidez verbal. Si hablara igual y se apellidara Sánchez Molino o Pérez Pascual todos sabemos que no sería lo mismo.

No es un discurso el suyo muy ideologizado, muy anticomunista, no creo que hable mucho del Foro de Puebla, pero tampoco es un discurso de abajo contra arriba porque más bien habla a favor de los de arriba y claramente se dirige a la clase aspiracional (el norte de Madrid hablando al resto de España).

Pero presentado así solo sería un PP sin más, un PP mejorado por la gran articulación y buenas maneras del señor EdlM. Él le añade unas gotas de discurso antiwoke, de sentido común y de discurso antiinmigración (que don Iván —«Este señor sí sabe de números»—consiguió explicar también aritméticamente con su didactismo de las proporciones). Es el economicismo liberal PP más el discurso antiinmigración, de modo que se posiciona el el terreno fronterizo entre el PP y Vox. Esa frontera ahora mismo quizás sea una de las más transitadas del planeta. Es el Estrecho de Malaca de la política.

Pero Espinosa hace algo más. Añade dos cosas. Le añade unas gotas de discurso contra el sistema, se atreve a hablar de la falta de división de poderes («Tú no votas al presidente», llega a decir), sin ahondar mucho, porque luego refuerza de institucionalismo su mensaje con una defensa artúrica del Rey, cuestionado según él por una peligrosa «derecha irreflexiva» a la que llega a imitar (pone voz de señor un poco tontorrón), la derecha que le quitó el escudo a la bandera en Ferraz. Su discurso antisistema llega hasta ahí. La defensa del Rey es, cómo no, también economicista. Es el gran agente comercial español. Nada es original, pero hay que reconocer que en boca de don Iván suena todo un poco más fresco. Llega a decir que si tuvimos petróleo cuando la crisis del ídem fue por Juan Carlos I. El PSOE nos dio la sanidad, el Rey evitó que fuéramos en burro.

El mensaje de Espinosa, un PP antiinmigración o un Vox suavizado, es decir, de repente sin conflicto, con hincapié retórico en lo liberal, de barrio alto o upper Madrid, es realmente curioso, se hace realmente curioso y característico por su insistencia en centrarlo en el elemento elitista. Por apelar a lo que él llama «la gente competente».

Por ejemplo, deplora el arcaico funcionar de la Administración a la que habría que modernizar, tecnologizar, pero valora mucho a los altos funcionarios del Estado, «los más competitivos del mundo». Blame it on C1, la culpa es de los pobres funcionarietes. Espinosa diagnostica un problema de circulación de élites, quiere que en política entre «gente competente», con «nivel». Consistiría lo suyo, por tanto, en dinamizar por abajo la administración, adelgazarla y tecnificarla, y que por arriba entraran los buenos, «la gente competente», «la gente con prestigio». Abrir un corredor público-privado de «competentes». Devolver el prestigio a la política. Make ser ministro great again. ¿Como él? «¿Yo? Jojojo«.

Es, al final, un populismo de arriba, de los de arriba, con la misma sempiterna gramática liberal, tecnocrática, pijorreformista, borbonera y elitista. Volvamos a la inteligencia del PP: elitismo institucionalista macronil con pellizcos a la inmigración.

Este discurso ya está en circulación y, sea o no su intención (que no se moleste nadie, esto va de describir), integra el otro cordón. Uno es el reconocido cordón sanitario de la izquierda y las televisiones, y el otro es el cordón discursivo que la propia derecha o simplemente las circunstancias forman alrededor de Vox. Una de las cuentas de ese rosario de discursos perivoxísticos es este populismo de los de arriba de Espinosa de los Monteros.

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