«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Marcha sobre Madrid

17 de mayo de 2024

La guerra nace de la paz injusta. Y mientras siete de cada diez europeos creen que hay que frenar la inmigración masiva, el discurso hegemónico que en Bruselas comparten quienes aquí simulan estar a la gresca habla del avance de la ultraderecha como el primer problema del continente en dura competencia con el cambio climático.

El 31 de enero de 2015 Podemos sí convocó una marcha sobre Madrid, la marcha del cambio, para gran escándalo de la prensa conservadora que por aquellos días se ganaba a pulso su merecidísima fama de asustaviejas al replicar la fórmula «Rajoy o el caos». A falta de propuestas los medios afines a don Mariano esparcían el miedo, que es siempre el mejor combustible para vertebrar a los pueblos despojados de sus vínculos naturales como la patria, la identidad o la familia. Publicaban reportajes donde advertían de la radicalidad de sus propuestas y pintaban a Pablo Iglesias como un miliciano que prometía la gimnasia revolucionaria que al final sólo practicó en las alcobas del partido.

Una década después Podemos ha desaparecido del mapa, mas no su discurso original, los de arriba contra los de abajo, el banderín de enganche que sedujo a más de cinco millones de españoles que al fin encontraron a quien les hablaba de un problema real. Incertidumbre, precariedad laboral, imposibilidad de acceder a una vivienda… Hoy esa brecha es aún mayor pero apenas quedan cenizas de aquella declaración de guerra a la casta, muy pronto sepultada por toda la mercancía averiada de la izquierda posmoderna que tan bien representó la compañera a la que Pablo acabó poniendo un ministerio. Cada 8 de marzo, por si aún hubiera dudas, Ana Botín irrumpe para recordarnos que todo es una farsa: comparte pancarta y sororidad con Irene y el resto de hermanas.  

La otra ideología oficial del sistema es el multiculturalismo apadrinado también por todos los grandes bancos y multinacionales. Este desorden posmoderno tiene pocas frases tan certeras como la que Tom Wolfe pronuncia en Bloody Miami: «En Miami todo el mundo odia a todo el mundo». Y aunque ya no tenemos al reaccionario gringo, en España conviene escuchar a una de las voces más autorizadas sobre inmigración e inseguridad, el policía en excedencia Samuel Vázquez, cuyo diagnóstico dista mucho de la visión edulcorada promovida por quienes abren las fronteras. Madrid —dice— estará peor que Barcelona en apenas seis años.

De alguna manera la pasada Navidad anticipó el futuro que, por ahora, sólo Vázquez ve. Bandas latinas saludaron el encendido navideño en la Puerta del Sol a machetazos. Ni siquiera era medianoche. Durante aquellos días los dublineses también padecieron las bondades de las fronteras porosas. Un inmigrante de origen magrebí apuñaló a cinco personas, entre ellas un niño de cinco años al que dejó en estado crítico. Los irlandeses salieron a la calle bajo el lema Irish lives matter, solo que esta vez el eslogan no interesó al poder ni a sus lacayos oficiales.

Por supuesto, los periodistas orgánicos han salido en tromba a difundir manifiestos por el acto que VOX celebra el fin de semana al que asisten, entre otros, Milei y Le Pen. Hablan de parar al fascismo y lo hacen con un tono solemne que mueve a la mofa, por eso uno prefiere a Monedero cantando la coplilla Puente de los franceses.

Claro que el ridículo no es patrimonio de la izquierda. En la taifa andaluza Moreno Bonilla, a ratos Infante y otros eurofan, se pregunta qué sería de Andalucía sin Europa. Ser europeo, nos sorprende, «es una seña de identidad por encima de ser andaluz y por encima de ser español». Ni siquiera el PSOE, González Pons o Ciudadanos llegaron tan lejos, pero no es descartable que estos días volvamos a escuchar el Help us, Europe! si a Le Pen o Milei les da por ir a los toros.

De una cosa sí estamos seguros. Las Ventas es el único lugar donde es posible refugiarnos del ruido de la calle que sólo aquí adquiere forma de parlamento. En las filas altas del tendido cuatro un abogado de apellido gallego, genio castizo y hechuras de torero se encara con quienes increpan al artista de la Puebla al que, de vuelta a sus demonios más oscuros, hay que querer incluso en las tardes buenas. «Me engañas, pero te quiero», le soltaron una vez en la Maestranza. Nuestro personaje matritense ríe cuando oye la anécdota y sentencia mirando con desdén a los que arrojan almohadillas al coso: «Si alguna vez nos quitan los toros marchamos sobre Bruselas».

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