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Consultor político mexicano. Doctorado en Derechos Humanos. Maestría en Filosofía, Cultura y Religión. Católico, provida. Director Continental de la Agencia Católica de Noticias. Presidente en México del Movimiento Cristiano Conservador Latinoamericano. Ex Secretario de Comunicación del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Premio Nacional de Periodismo 2007, otorgado por la ONU en México. Analista Geopolítico.
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Consultor político mexicano. Doctorado en Derechos Humanos. Maestría en Filosofía, Cultura y Religión. Católico, provida. Director Continental de la Agencia Católica de Noticias. Presidente en México del Movimiento Cristiano Conservador Latinoamericano. Ex Secretario de Comunicación del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Premio Nacional de Periodismo 2007, otorgado por la ONU en México. Analista Geopolítico.

Marxismo posmoderno, hedonismo de criminales

El marxismo posmoderno no perdió la brújula; simplemente, nunca la tuvo: su agenda es manifestación de los deseos reprimidos de los lumpenproletariat, una serie de caprichos adolescentes criminales, hedonistas, e individualistas. 

Lejos está la vieja escuela del marxismo clásico, que aunque también criminal, estuvo dispuesta a morir por sus ideales, y le parecía edificante asesinar burgueses y tomar el poder a sangre y fuego para imponer una dictadura del proletariado. Ahora, como bien ha dicho Jair Bolsonaro, sólo admiran al Che Guevara los drogadictos y marginales, la escoria de la izquierda. 

Las manifestaciones del 7 de septiembre en Brasil mostraron el verdadero empuje de Bolsonaro en su país. Millones de ciudadanos salieron a apoyar al presidente conservador. 

El más denigrante hedonismo individualista carcome a América y Europa: es el marxismo posmoderno

En tanto, las manifestaciones del 12 de ese mismo mes, a favor de Lula da Silva, sólo reunieron a unas decenas de personas, pero expresaron inmejorablemente lo delirante del marxismo posmoderno. Exigían, textual: “aborto, drogas, lenguaje inclusivo, no tener género y educación LGBT”. Eso es el progresismo en todo Occidente. 

Dicho de otra manera, si asumiéramos tales exigencias de los woke que venden este “socialismo cool”, como proyecto de país, la sociedad ideal sería una de asesinos de bebés en gestación, de adictos, que irían a la escuela sólo a ser adoctrinados en una ideología anti-biológica sin límites sexuales, que generaría personalidades líquidas y confusas, y que hablaran una neolengua orwelliana cuyo fin es el control del Estado. 

A eso conducen las “deconstrucciones” del viejo Derrida aplicadas con óptica marxista a los cimientos de Occidente, donde hoy reina un hedonismo criminal, el placer de lo instantáneo en la lógica de Lipovetsky, el “si Dios no existe todo está permitido” de Dostoievski. Todo lo cual deja un gran vacío en el hombre contemporáneo, capaz de ahorcarse sólo para alcanzar un orgasmo.

No extraña entonces que las supremacistas del feminismo se desgañiten y vandalicen no para exigir medicinas para enfermas de cáncer, o albergues para mujeres agredidas, sino para que sea legal poder matar a sus fetos sin límite de semanas de gestación, incluso al momento de nacer. 

El conservador es un ser estructurado, y sus cimientos son Dios, la religión, el respeto a la vida, las tradiciones, la familia, la Patria, las libertades, los derechos humanos 

Ni que los aspirantes a transexuales exijan que el gobierno les pague sus cirugías y tratamientos hormonales. O que la educación sea ideologización para la normalización de la homosexualidad y la “deconstrucción” del matrimonio natural, de la familia tradicional y de la identidad biológica.

Y todo eso, pagado con nuestros impuestos. El más denigrante hedonismo individualista carcome a América y Europa: es el marxismo posmoderno. 

En las antípodas, no se puede concebir al conservador –ni al de ayer, ni al de hoy o al de mañana- despojándolo de la religiosidad. Mircea Eliade sabiamente escribió sobre el Homo religiosus, es decir, de cómo el ser humano  sólo encuentra su verdadera plenitud en entender el carácter trascendente de la vida. 

El conservador es, así, un ser más pleno que alguien cuya vida está desprovista de un sentido de trascendencia, como todos los marxistas -posmodernos o no-. 

El conservador es un ser estructurado, y sus cimientos son Dios, la religión, el respeto a la vida, las tradiciones, la familia, la Patria, las libertades, los derechos humanos. 

Ante las revoluciones culturales neo-maoístas –estrategias del PCCh para alfombrar su hegemonía usando como tontos útiles a los woke-, y los bajos fondos del marxismo posmoderno, todo conservador debe resacralizar la vida cotidiana.

Los socialistas lo que realmente quieren es que el Estado les sirva para desfogar sus grandes resentimientos sociales

La vida del conservador es mucho más rica, así, que la de un socialista, que como bien ha dicho el filósofo autodidacta brasileño Olavo de Carvalho, en realidad no posee ni siquiera una ideología, ya que sus propuestas en los sesentas eran unas, y las de ahora, son diametralmente opuestas. 

Los socialistas lo que realmente quieren es que el Estado les sirva para desfogar sus grandes resentimientos sociales, mediante subvenciones que psicológicamente hacen las veces de “compensaciones”, ante lo mucho que presumen sufrir, supuestamente, por pertenecer a un grupo “vulnerable”. 

Y en tal etiqueta de “vulnerable” cabe, faltaba más, todo el catálogo de lumpen proletariados  que es la base electorera de la izquierda. Así queda claro que aquello que en el fondo quieren es que papá-gobierno les financie seguir con su su individualismo satánico -Anton Lavey dixit- en el que todo les estorba: fetos, religión, Iglesia, familia, lenguaje, capitalistas, heterosexuales y mujeres que no piensan como ellos. El marxismo posmoderno, ese hedonismo criminal.

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