'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""

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Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""

Mejorar nuestra democracia o hundirnos con la ultra izquierda

1 de febrero de 2016

Determinados grupos de comunicación han intentado allanar el camino hacia el poder a Podemos, una formación neocomunista, antidemocrática y financiada por  Irán y Venezuela, lanzando a los ciudadanos el mensaje relativo a que el sistema capitalista y un atroz liberalismo económico son los causantes tanto de la crisis como de la corrupción.  

En este sentido y gracias al efecto “lobotomización” provocado por la televisión, millones de españoles han sido seducidos de manera utópica por la ultraizquierda. Puesto que en las últimas elecciones salieron triunfantes ideologías y posicionamientos económicos desfasados, que condujeron en el pasado a multitud de países a dictaduras proveedoras de miseria.

Por el contrario, las dos causas principales que han corrompido nuestra pseudodemocracia son el excesivo intervencionismo estatal, a todos los niveles administrativos, y la politización de la Justicia.

Tanto es así, que estas suelen ser las principales estrategias político- económicas, junto con el secuestro de los medios de comunicación, sobre las que se asienta cualquier régimen totalitario

Pero esta confusión mediática ha provocado que en España exista un problema conceptual, tanto en cuanto muchos ciudadanos se están equivocando de receta ideológico-económica para salir de esta crisis múltiple en la que nos encontramos.      

No obstante, España nunca ha sido un país capitalista ni liberal. Porque, realmente, en nuestro país ha explotado el sistema que se implantó hace más de tres décadas, que no es otro que un Capitalismo de Estado,  producto de la combinación de pseudocapitalismo e intervencionismo público y cuyo funcionamiento ha dependido de las conexiones políticas.

Máxime, considerando que el círculo vicioso creado por este “capitalismo de amiguetes” ha esclavizado al sector privado al objeto de mantener a nuestra innecesaria, costosísima y corrupta “Administración paralela”.

La prueba que confirma lo anteriormente expuesto la ha aportado recientemente Transparencia Internacional, mediante las conclusiones extraídas del “Índice de la Percepción de la Corrupción 2015”.

De hecho, el citado informe pone de manifiesto que la corrupción política en nuestro país está relacionada fundamentalmente con el urbanismo (en una etapa anterior) y con la contratación pública, es decir, aquella procedente sobre todo de organismos, entidades y empresas públicas.      

Y si bien la corrupción en España todavía no es sistémica, es factible afirmar que la misma se encuentra generalizada al menos en las contrataciones públicas, que en multitud de ocasiones llevan aparejadas comisiones políticas o “mordidas”.

Sea como fuere y ciertamente, España tiene un problema relacionado con la corrupción política que puede ser letal para nuestro proyecto de democracia, por tanto, los partidos políticos nacionales deben centrarse de manera prioritaria en solucionarlo.

Para ello, deberían establecer un gran pacto de Estado al objeto de potenciar la libertad de prensa, la transparencia presupuestaria, la “selección por valores” de cargos públicos, la revalorización de la figura del funcionario en la Administración, la democratización interna de los partidos, la reforma de la ley electoral, etc. Aunque, sobre todo, para dotar de independencia a la Justicia.

Porque nuestro país se encuentra en un momento de inflexión económica, política, judicial, territorial, ética, religiosa, etc., y en base a lo cual los grandes partidos españoles tienen dos alternativas: dotar a nuestra democracia de un plus de valor cualitativo o dejar que la ultraizquierda convierta a España en una república bananera.

Renovar, democratizar y dotar de sentido de Estado al sistema bipartidista para que pueda alternar modernos gobiernos socialdemócratas con otros liberales podría constituir una fórmula político económica ganadora a largo plazo.  

El PSOE tiene la última palabra…  

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