«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Biografía

El ministro mintió

17 de agosto de 2015

Hay una mentira vertida por el Ministro del Interior, Fernández Díaz, en su comparecencia en el Parlamento para explicar su reunión con Rodrigo Rato que sobresale por evidente: dijo que la misma tuvo lugar en su despacho oficial a fin de dejar constancia de su transparencia; el Ministro sabe que eso es falso, pues de haber sido así se hubiera apresurado, él mismo, a comentarlo posteriormente para que llegara a conocimiento público, sin esperar a que fuera la Prensa quien destapara su vergonzosa acción y torpe excusa luego. Qué duda cabe que este Ministro habrá tenido muchas reuniones que también se han registrado debidamente en el diario de visitas a fin de que conste su transparencia, sin necesidad de tramite ni comentario posterior porque su interés social ha sido intrascendente, y ningún periódico ha creído procedente su divulgación; pero estamos ante un Ministro que no ha dudado en recibir oficialmente a una persona que está siendo investigada por corrupción, cosa que no ocurre todos los días. Por si fuera poco, el propio Presidente, Rajoy, le allanó el camino manifestando con anterioridad que nadie esperara nada de particular en la comparecencia del Ministro. Qué descaro.

 

En cualquier país civilizado, por muchísimo menos, se presenta la dimisión. Pero aquí es mucho lo que pierde un gobernante si dimite: no sólo su sueldo (que es lo de menos) sino sus privilegios futuros, aforamiento, carísimas “bagatelas”, etc. Es mejor esperar al final de su mandato (por razones éticas, o no) ya que se encuentran con la puerta giratoria que supone una bocanada de aire y dinero fresco hasta la eternidad. En este caso concreto, el Ministro perdería también la confianza y ayuda que tendría siempre de Rato, que goza de mayor peso específico, e influencias sociales y políticas, que el propio Ministro, impotente de rechazar la cita que le pidió el presunto corrupto de varios delitos.

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