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La Gaceta de la Iberosfera
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Actor. Cine, teatro y televisión. Fue diputado en el Congreso de los Diputados y jefe de grupo en las Cortes Valencianas. Actualmente trabaja en 7NN. Dirige y presenta 'ConToni' los sábados por la noche.
Actor. Cine, teatro y televisión. Fue diputado en el Congreso de los Diputados y jefe de grupo en las Cortes Valencianas. Actualmente trabaja en 7NN. Dirige y presenta 'ConToni' los sábados por la noche.

Negro, discapacitado y homosexual

21 de febrero de 2023

Es habitual que la actualidad me traiga a la memoria algunas reuniones que mantuve en el Congreso de los Diputados. Esta semana me recordaba ojiplático ante el grupo que me hablaba del abuso sexual a los animales; y tocado tras una charla que mantuve con un periodista discapacitado al que respetaba mucho. ¿Ves?, me decía desde su silla de ruedas al señalar un bordillo de apenas unos centímetros: esto para mí es como para ti un muro de dos metros, te vas a encontrar en una comisión que es una balsa de aceite, un jarabe dulzón de buenismo, joder. Todos se ponen de acuerdo en todo. ¡Qué bonito! Pero las buenas palabras que les hacen sentir tan bien no van acompañadas de la prueba decisiva: presupuesto. Así fue. Mucho lili y poco lala. Aquel día acabamos hablando de muchas tareas pendientes. Y, al final, me ilustró lo lejos que estábamos de lo que ya se hacía en otros países al contarme que existía la figura del asistente sexual para proporcionar a los que no podían valerse por sí mismos ―y menos acceder a una pareja― una experiencia de ese tipo. ¡Imagínate la que se armaba si pedíamos algo parecido en España!

Aquello sucedió hace once años. Y lo recordé a causa del revuelo que causaron las palabras del actor Telmo Irureta, premiado con el Goya revelación. Telmo reivindicaba el «derecho al sexo» y reconocía haber contratado ciertos servicios en el pasado. Provocó el aplauso unánime de los asistentes a la gala: eran todos muy buenos, pero todavía no conocían la postura oficial. Se tardó poco en fijar posición. Me sorprende el revuelo que causó entre las que hablan tanto del derecho al aborto lo del derecho al sexo. Pero lo cambiaré: derecho a una vida digna, plena, una vida en la que también exista el sexo, por ejemplo.

Tras las palabras de Telmo, se puso en marcha la maquinaria puritana de la izquierda y el feminismo atacó en tromba. Coincidían todas ellas y los varones que se apuntaban: la explotación de las mujeres no puede ser la solución a los problemas de Telmo. Alguna activista conocida, como Beatriz Gimeno, diputada de Podemos y encargada del negociado de Igualdad, apuntaba que sólo comenzaría a hablar del derecho al sexo del actor cuando también se hable del de las mujeres con discapacidad. Ah, era eso. «Ellas no tienen un contingente de hombres dispuestos a comerles el coño», añadía con su habitual elegancia. Un argumento incontestable. Como si las que quisieran aliviar a Telmo fueran tropel. Cuando la tormenta en los medios y redes sociales arreciaba, Telmo salió a aclarar que era homosexual. Y entonces se hizo el silencio.

Me hacen gracia algunas aristas del problema. Y traen el recuerdo de otras reuniones. Prostitutas pidiendo la legalización de su actividad. Víctimas de trata recordando que allí donde se legalizó, ese problema no desaparecía. En política siempre es así. Todo es mucho más complicado de lo que parece.

Con Telmo recordé otra cosa que me llama la atención. La inexistencia de la prostitución masculina en la agenda. Se silencia a las mujeres que se prostituyen voluntariamente, que son unas cuantas (esta semana podíamos leer a una chica explicando encantada lo que ganaba con su sugar daddy) y todos los hombres son unos degenerados que se prostituyen por placer. Ahí no cabe igualdad. ¿El cuerpo es mío y hago con él lo que quiero? Pues depende.

Telmo evidenció un fallo en su matrix. Es gay. ¡Silencio! Si además llega a ser negro, arde Troya.

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