«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

‘No Kings’

23 de octubre de 2025

Estados Unidos ha vivido una formidable oleada de protestas callejeras que ha convocado a siete millones de personas en diversas ciudades del país bajo el lema ‘No Kings’, ‘Sin Reyes’.

Hay que reconocer que las manifestaciones han obtenido un rotundo éxito: al cierre de esta edición no hay rastro de monarca en todo el país, J.D. Vance no ha sido nombrado Príncipe Heredero ni la Casa Blanca se ha rebautizado como Palacio Real. Esperamos para las próximas semanas marchas contra la esclavitud y contra la enseñanza del modelo ptolemaico en las escuelas públicas.

La rápida descomposición del Partido Demócrata norteamericano es en Estados Unidos motivo de alarma y regocijo entre los comentaristas, según el medio, a medida que los de Kamala revelan hasta qué punto están afectados por el mismo mal que aqueja al progresismo en todo el mundo y que les hace vivir fuera de la realidad.

Es conmovedor que, para protestar contra Trump, los progresistas hayan recurrido a algo que odian tanto como es la tradición, que en Estados Unidos consiste en recordar su renuncia a ser gobernados desde Londres por Jorge III, reivindicando ahora a unos Padres Fundadores cuyas estatuas llevan décadas derribando por esclavistas, xenófobos, machistas y, lo peor, blancos hasta el último hombre.

Tengo dicho que la izquierda no es una rebelión contra determinado modelo político o económico, sino contra la realidad. Protestan airadamente contra una monarquía que no tienen desde hace más de dos siglos y pretenden que el país gime bajo un atroz régimen fascista, sin pararse a pensar que la propia manifestación es una refutación de su queja: si algo caracteriza a un régimen fascista opresor es que no te deja salir a la calle a gritar que estás en un régimen fascista opresor, al menos no sin consecuencias inmediatas y dolorosas.

La izquierda —sensu lato— está en convencernos de que hay mujeres con pene, las políticas verdes de Villar del Río cambian el clima del planeta, un tipo de Mali que apenas chapurrea el castellano y acaba de recibir el DNI es tan español como Blas de Lezo y el modo de evitar el encarecimiento de la vivienda es impedir que se construyan.

Es ese no tocar suelo, ese negar que el cielo sea azul y la hierba verde, lo que hace al progresismo tan atractivo para los intelectuales y tan decepcionante para su antaño base social, el proletariado. En un momento de empobrecimiento acelerado, de angustiosa crisis de vivienda, salarios congelados, invasión tercermundista, desigualdad económica disparada y control estatal asfixiante, pretender que los problemas más acuciantes son la lucha contra un fantasmal «cambio climático» y el machismo provoca el rechazo de cualquiera que no viva en una torre de marfil.

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