«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es

Nos suicidaremos todos

31 de agosto de 2026

El caso más evidente es, sin duda, el de los inmigrantes afroasiáticos, muchos de los cuales han demostrado que son un problema irresoluble para los países europeos que los han acogido. Las pruebas son infinitas. El abismo cultural es tan difícil de salvar que la mayoría de ellos ni lograrán ni querrán hacerlo porque el calor de la tribu es más acogedor que la integración en una sociedad a la vez rechazada y rechazadora. Además, todo esto se perpetúa de generación en generación debido a que las raíces étnicas son mucho más fuertes que la fría ciudadanía otorgada por un carné de identidad.

Pero, aunque suela olvidarse, no son los musulmanes los únicos posibles creadores de problemas, aparte de que no pocos de ellos son excelentes personas. Porque los hispanoamericanos, a los que, como es natural, se tiende a mirar con mejores ojos por su mayor proximidad, no vienen vacunados contra los conflictos. También abundan entre ellos las personas excelentes, como sin duda corroborarán quienes hayan tenido trato familiar, comercial o laboral con ellos. Sin embargo, no es posible ocultar que muchos han traído en sus maletas una hispanofobia que les ha llevado incluso a apoyar a partidos separatistas. Una de ellas, dirigente del partido de Puigdemont y recientemente fallecida, se definía en redes sociales como «Catalana nascuda a Perú. Lluito per l’independència aquí i ara com hauria lluitat per la de Perú el 1821. Membre del Govern de la Crida Nacional». Hermosa manera de agradecer la acogida en la madre patria mediante su colaboración en destruirla. Y una compatriota suya, llegada hace pocos años desde los Andes a lo que le han enseñado a llamar Euskal Herria, anuncia alegre en un video electoral que se presenta a las elecciones municipales por EH Bildu para «transversalizar las políticas feministas, impulsar la causa de las mujeres y tener una perspectiva intercultural para que las mujeres migradas tengamos voz para decidir en lo que se legisla a favor nuestro». Ninguna mención a la secesión, claro, ya que los trampantojos progres constituyen el nuevo anzuelo para conseguir votos.

Por otro lado, tampoco se puede olvidar el hecho, menos notorio de lo que debiera a causa de la censura informativa, de que muchos de ellos también nos han aportado un incivismo al que no estamos acostumbrados en esta pacífica y envejecida orilla del Atlántico. Para resumir la cuestión con una anécdota, un buen amigo, residente en Colombia desde hace décadas, suele comentarme lo que ha mejorado la seguridad ciudadana desde que miles de delincuentes abandonaron su país para pasarse a una España en la que el dinero es más abundante, los ciudadanos más mansos, las leyes menos duras, las subvenciones más generosas, la justicia más ineficaz, los jueces más blandos y la policía más impotente. Lo mismo podría decirse de los europeos del este, entre los que se pueden encontrar tantos trabajadores honrados como delincuentes desalmados.

Muchas de estas personas, de una u otra religión, de una u otra lengua, de una u otra raza, de una u otra procedencia, odian Europa y a los europeos, odian su historia, su tradición religiosa, su cultura y su modo de vida. Llegan a Europa ilegamente en muchos casos, no abrigan intención alguna de trabajar e integrarse, se pasan la vida quejándose por todo y provocando problemas a menudo violentos. ¿Por qué, entonces, vienen aquí? ¿Por qué abandonaron sus hogares? ¿Por qué se les dejó entrar? ¿Por qué no se les devuelve a sus lugares de origen en beneficio tanto de los europeos como de ellos mismos?

Lo más trágico de todo es que, una vez que hayan conseguido conformar una mayoría suficiente mediante la inmigración y la procreación, transformarán la sociedad europea en el mismo tipo de sociedad que abandonaron al venir aquí. ¿Habrán conseguido, entonces, alguna ventaja para ellos mismos? ¿O simplemente conseguirán destruir Europa convirtiéndola en uno más de los países fallidos de los que huyeron? ¿Adónde huirán después?

Finalmente, es superflua la discusión sobre qué inmigrantes son preferibles. Es irrelevante de donde vengan. Si los europeítos se siguen negando a tener hijos, Europa desaparecerá por su culpa, no por la de los inmigrantes.

Salvo que un dios venga a salvarnos, cosa que los dioses no suelen hacer, los europeos nos suicidaremos por nuestra debilidad y los recién llegados se suicidarán por acabar con la sociedad alojadora.

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