«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Santanderino de 1965. De labores jurídicas y empresariales, a darle a la pluma. De ella han salido, de momento, diez libros de historia, política y lingüística y cerca de un millar de artículos. Columnista semanal en Libertad Digital durante once años, ahora disparo desde La Gaceta. Más y mejor en jesuslainz.es

Nueva Constitución para una nueva generación

25 de mayo de 2026

La infatigable izquierda, antaño internacionalista y hoy, al menos en la flagelante ‘Expaña’, principal forjadora de neonaciones en entusiasta complicidad con cualquier tipo de separatistas, sigue dándole vueltas y más vueltas a la nación para compensar el abandono de sus objetivos sociales clásicos. Ya no hay que liberar al proletariado de la opresión burguesa, sino a las democráticas naciones naturales de la opresión del artificial Estado imperialista.

Pero éste es sólo el primero de los tres ejes ideológicos en su lucha por el bien, la verdad y la belleza. El segundo es la sustitución de los españoles blancos, cristianos, fascistas, machistas y heteropatriarcales por mano de obra barata proveniente de cuanto más lejos, mejor. Y el tercero consiste en todo lo que tenga que ver con tetas, culos y pitos, sobre todo si son de colorines, que son más progresistas. Con estos tres elementos está garantizada la revolución más grande que se vio desde el Neolítico.

Pero quedémonos hoy solamente con el primero porque el guipuzcoano Iván Redondo, eminencia gris del progresismo patrio, ha declarado en una tribuna radiofónica que España es un Estado plurinacional del sur de la UE. Ha proclamado también que cada generación merece construir su propio país, como si los países, al menos los europeos, no estuviesen más que construidos desde hace siglos y las generaciones no se limitasen a pasar fugazmente por encima mientras ellos permanecen ahí, lógicamente cambiantes en el tiempo pero impasibles en lo esencial.

En relación con ese incesante derecho fundacional que, por lo visto, corresponde a cada generación, también ha repetido el lugar común de que sólo una pequeña parte del censo actual votó la Constitución hace cuarenta y ocho años, lo que debe de parecerle antidemocrático. Pero mayor atentado a la democracia es el que sufren los franceses, cuya Constitución es veinte años anterior a la española. Y la alemana, treinta. Y ni siquiera se votó en referéndum. Y la estadounidense se aprobó hace dos siglos y medio. Por no hablar de la inglesa, que no ha sido votada nunca porque ni siquiera existe. Pero, según Redondo, los españoles somos tan supercalifragilísticamente democráticos que tenemos el derecho de votar una Constitución nueva para cada generación.

También ha dicho el asesor presidencial que «para mí, Euskadi, Galicia y Cataluña son naciones». De lo que habrá que deducir que el Estado Estatal está compuesto por cuatro: Euskadi, Galicia, Cataluña y El Resto. Pero hace siete años el dirigente socialista catalán Miquel Iceta pasó a los anales del pensamiento político cuando sentenció que «en España hay ocho naciones. Las he contado». Que es un argumento tan aplastante como el de quien diga que «en el Himalaya hay veintitrés yetis. Los he contado».

En concreto, las naciones icetianas son Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco y Cataluña. ¿El motivo? Que así lo establecen sus respectivos estatutos autonómicos, inatacable demostración. Pero ha pasado por alto una novena nación: El Resto. ¿O es que ésta no cuenta porque no goza de un estatuto que la proclame nación, o nacionalidad histérica o como se diga? ¿O es que Iceta no sabe contar?

Éstas son las cabezas pensantes de la izquierda española actual. Y éstos, los diáfanos, serios, estudiados, elaborados, coherentes, sensatos e irrefutables argumentos histórico-jurídicos con los que pretende construir el ordenamiento constitucional de la España venidera.

Por si hiciera falta alguna confirmación de la seriedad de estos proyectos plurinacionalizadores, pocos días después, durante la noche electoral andaluza, Redondo avanzó la receta para contrarrestar el avance de Vox mediante la alianza de la izquierda con los separatistas: «Insisto. Llevo toda la semana así. Hay un manual al respecto: plurinacionalidad. Ahí lo veis. Tienen más votos que Vox (…) Ese espacio existe. Ése es un espacio que se puede multiplicar si el PSOE también coge esa bandera».

Conclusión: la izquierda sólo puede aferrarse al poder destruyendo España.

Pero falta una pieza del rompecabezas, y la más importante de todas, porque esas nacioncitas de juguete, las cuente quien las cuente, las invente quien las invente, las imagine quien las imagine, las proclame quien las proclame, no tardarán en quedar sumergidas por el maremoto humano que no para de subir. Hace falta estar ciego para no verlo.

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