«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Núremberg y ley natural

5 de diciembre de 2025

En tiempos de relativismo, ideología de género y autodeterminación individual Occidente languidece cuando se mira al espejo de los juicios de Núremberg. Llega a las pantallas otra película sobre el juicio más importante del siglo XX que, en perspectiva, retrata nuestra decadencia motivada por la muerte de la ley natural, eje vertebrador de todo lo que había hecho grande a la civilización europea. ¿En qué si no se basa Isabel la Católica para reconocer los derechos a los indios y prohibir la esclavitud de los nativos americanos en pleno año 1500?

Es la ley natural, en tanto que prepolítica, la que consagra principios universales inherentes a la naturaleza humana previos a la creación del Estado y, por ello, a las leyes escritas por la siempre imperfecta rúbrica del hombre. Hay derechos previos a la creación del ordenamiento jurídico como la vida y la libertad que constituyen el andamiaje que sustenta la legitimidad del poder y los derechos humanos reconocidos tras la Segunda Guerra Mundial. 

Todo ello es el fundamento de la condena que en 1946 dicta el tribunal que juzga los crímenes del nazismo. No vale argumentar la estricta aplicación de las órdenes bajo el paraguas del Tercer Reich. Las normas vigentes en Alemania. Las leyes de Núremberg. Es la ley, señor juez, yo actué según la legislación, puro derecho positivo. Nada de eso salva a quienes forman parte del engranaje del Estado y validan leyes raciales discriminatorias o envían a inocentes a los campos de concentración. 

Núremberg lega una lección fundamental a la Historia: la aplicación de una legislación injusta que viola el derecho natural no exime al funcionario de una pena. Por encima de las leyes que escribe el legislador está la ley natural, faro de las normas que han de venir. Y contraria a la ley natural aparece el derecho positivo —ley escrita— y el positivismo, doctrina que encumbra la ley por el hecho de ser ley. La ley es buena porque es ley y no caben sutilezas ni reflexiones acerca del bien o el mal.

Ocho décadas después los argumentos entonces esgrimidos contra quienes pertenecieron a la maquinaria del Tercer Reich no valdrían. De ello advirtió el historiador Fernando Paz cuando presentó su obra Núremberg con motivo del setenta aniversario. Paz reflexiona acerca de los argumentos filosóficos y jurídicos que sustentaron aquella condena y recuerda que los alemanes fueron enjuiciados bajo unos parámetros legales y filosóficos que no entendían. Es decir, un alemán en 1945 no puede comprender por qué la ejecución del deber puede acarrearle una sanción cuando ha recibido una educación basada en la moral kantiana, esto es, en el cumplimiento del deber como imperativo moral. Que no hay castigo si uno cumple la ley. 

Hoy, mutilado el derecho natural en el altar del relativismo, la gran lección de Núremberg —la conciencia prevalece sobre las órdenes— es papel mojado. Si la orden no es conforme a tu conciencia no debes cumplirla y en aquella época hablamos de unos códigos mayoritarios en la sociedad. Todo eso se ha venido abajo con el triunfo del subjetivismo y el yo por encima de cualquier realidad objetiva que niega hasta la propia biología. De modo que ahora, fulminada la ley natural, cualquiera podría alegar el incumplimiento de una orden porque no obedece a una conciencia construida desde la subjetividad del yo. 

Ese castillo de naipes, sin embargo, comienza a derrumbarse antes de tiempo. En Vencedores o vencidos el oscarizado Maximilian Schell interpreta al abogado defensor Hans Rolfe, que expone en pleno proceso las contradicciones que ya afloran en Occidente. La Corte Suprema de Estados Unidos había respaldado la eugenesia y eso convierte la aparición de un panadero con deficiencia mental llamado Rudolph Petersen, esterilizado conforme a las leyes del III Reich, en una de las escenas de la película. Leyes que consagran que hay vidas más dignas que otras. Seguro que nos suena.

Es curioso porque tras la posguerra cualquier idea que oliera a nazismo es rechazada sin contemplaciones. Es el caso de la eugenesia y el positivismo. Sin embargo, de aquello no queda nada. El nazismo aniquiló a los deficientes mentales y hoy más del 90% de los niños con síndrome de Down son abortados. Total, lo dice la ley.

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