Octogenarios
Octogenarios
Por Hughes
19 de junio de 2026

Los ochenta años, que antes parecían un estadio brumoso e imposible, es la edad de los grandes. Trump los ha cumplido, Florentino está a unos meses, y Paul McCartney saca a los 84 un disco  lleno de energía melódica y delicadeza. Clint Eastwood se retira con 96, con 91 firmó «Jurado Nº 2», obra perfecta, y ahí queda su gran cine octogenario.

En las elecciones del Madrid, el estado de Florentino se comentó bellacamente, y sucede con Trump al llegar a los 80. «Es un número en el que nunca pensé demasiado. no es un número que me guste, pero aquí estoy». Con Florentino se trataba de una cierta vacilación en la voz, quizás una mayor desinhibición y el desatino en los fichajes. De Trump señalan el cansancio y algún amodorramiento, sin tener en cuenta la colosal tarea que acomete.

¿Cómo es un hombre de ochenta años?

En España tenemos las Confesiones de un arterioesclerótico. El mundo visto a los ochenta años, de Santiago Ramón y Cajal.

El libro repasa los achaques de la edad de «los caducos», como él los llama. La pérdida de agudeza visual es uno: la decadencia sensorial del présbita. Ramón y Cajal se queja de que libros y periódicos parecen hechos para los jóvenes y se extraña de que la presbicia apenas se mencione en la antigüedad de autores griegos y romanos. Probablemente, los esclavos les leían.

Casi todos los fenómenos físicos de la edad llevan al aislamiento; además, lo conocido va desapareciendo, el recuerdo se ancla al pasado y lo nuevo molesta. Se percibe en la irritación ante el lenguaje. Ser un poco cascarrabias es algo fisiológico.

Teniendo en cuenta esa dificultad, es extraordinaria la capacidad de las personas antes mencionadas para vivir atentas al cambio y al futuro.

Dentro de la vejez, el autor distingue claramente la barrera de los ochenta, cuando el cuerpo ya se agota. Por eso recomienda la fotografía, con largos paseos y montañismo, como una forma de fijar recuerdos y mirar el mundo hasta alcanzar los setenta y muchos, momento de parar y subirse al coche.

Lo cuenta con resignación, pues era escalador y culturista. Dicho de forma inmejorable: «Apasionado durante mi juventud a la gimnasia violenta, siento quizás con más agudeza que otros viejos la imposibilidad de las demasías musculares antañonas».

No es edad, claro, de demasías de ningún tipo, pero la mente puede resistir; las palabras huyen al ser buscadas, abundan los errores y es traidora la memoria senil, pero como el recuerdo se fija por tres vías: el interés, la emoción y la atención obstinada, el anciano podrá «si duplica o triplica su trabajo», alcanzar un rendimiento casi tan bueno como el del hombre joven.

Florentino y Trump se abren al futuro. Florentino quiere preservar lo esencial; Trump parece el único capaz de pasar página o mirar de otra manera; Eastwood ha sabido ver al héroe y en McCartney la melodía resiste dulce aún. Tendemos a pensar que los octogenarios se parecen. Quizás comparten el sentido de lo importante.

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