«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

Oriana Fallaci lo dijo

1 de noviembre de 2025

El pasado martes leía un titular en LA GACETA sobre la islamización de Europa. «La población musulmana crece un 16% en una década!, rezaba. La crónica se basaba en un informe del Pew Resarch Center, un think tank americano de reconocido prestigio. Advertía de que la población musulmana en el Viejo Continente había crecido un 16% en solo una década.

Seguramente son más. Los inmigrantes ilegales no salen en las estadísticas por razones obvias. Y los nacionalizados dejan de salir. En Francia, por ejemplo, calculan que son ya más de seis millones pero nadie lo sabe con certeza. No distinguen entre franceses de origen magrebí y franceses autóctonos.

El estudio revelaba también que en 2020 había ya 46 millones de musulmanes en Europa. En el 2010 eran sólo 39 millones. Para hacerse una idea: la población de España es unos 49 millones. Aunque muchos son ya también de origen extranjero.

«La principal causa de este incremento ha sido la inmigración masiva de países de mayoría islámica como Siria, Irak o Afganistán, junto con una tasa de natalidad mucho más alta que la del resto de la población europea«, añadía el texto. Daba en el clavo. A mí me vino automáticamente a la cabeza la periodista italiana Oriana Fallaci (1929-2006). «Los quince millones de musulmanes que hoy viven en Europa (¡quince!) son solamente los pioneros de las futuras oleadas. Y créeme: vendrán más».

La cita se encuentra en la página 99 de mi vieja edición de La rabia y el orgullo (2002). Luego alertaba: «Exigirán cada vez más. Pues negociar con ellos es imposible. Razonar con ellos, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza un suicidio. Y cualquiera que piense lo contrario es un pobre tonto».

Después de su lectura, seguí con el siguiente: La fuerza de la razón (2004). Posteriormente, con El apocalipisis (2005), en la que se entrevistaba a sí misma. Hace poco me leí sus entrevistas con la historia. Fue la única capaz de entrevistar al Sha de Persia y, luego, a su sucesor, el ayatolla Khomeini. Con este hubo polémica porque, al terminar la entrevista, se sacó el velo que cubría su cabeza. Tengo, no obstante, pendiente de leer, la biografía a cargo de la también periodista italiana Cristina De Stefano: La corresponsal. Hay edición en castellano.

Están de suerte porque ahora La Esfera de los Libros ha reeditado sus dos grandes obras en un sólo volumen con el título explícito de El coraje que necesitamos. La única pega es que no hay un prólogo de algún experto. Si no podemos entrevistar a la autora, podríamos entrevistar al menos al prologuista. Eso sí, hay un texto muy personal de la propia Fallaci que suplanta las carencias.

Ni que decir que, cuando salieron ambos volúmenes, la pusieron a caldo. Le dijeron de todo: fascista, racista, xenófoba e incluso islamófoba, que entonces empezaba a ponerse de moda. A ella, que había estado en la resistencia italiana. Con catorce años llevaba mensajes en su bicicleta por delante de los morros de las tropas alemanas.

Hay que decir, además, que se dejó la vida en el empeño. En esa época vivía en Manhattan y empezó a escribir sobre la cuestión tras ser testigo de los ataques del 11-S. Hasta interrumpió el tratamiento contra la enfermedad cosa que, a la postre, la llevó a la tumba. Murió por contar la verdad. Sus libros fueron una señal de alarma.

Fue ella también la que acuñó el término «Eurabia» y advirtió, mucho antes de que lo hiciera el vicepresidente J.D Vance, sobre «el cáncer moral de Occidente». Ella que venía de la izquierda y se consideraba atea «gracias a Dios». Por eso, no desaprovechen la ocasión de leer a Oriana Fallaci. O releerla si ya lo han hecho.

Ahora se ha roto un poco el tabú de la inmigración. Se habla ya abiertamente de ella. Desde luego, es un fenómeno antiquísimo. El ser humano, para mejorar, siempre se ha desplazado. Pero si no está regulada y controlada puede generar problemas. Si no, tampoco habría irrumpido en la agenda política y mediática. Lo que no sé es si estamos a tiempo. La propia Fallaci lo dijo a comienzos de siglo: «¡Despierta, gente, despierta!» Página 83, otra vez, de La rabia y el orgullo.

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