«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Palabras de golpe

4 de diciembre de 2013

El juez –militar, por supuesto– que interrogaba a Sanjurjo por haber liderado el golpe monárquico del 33, quiso saber el número de apoyos con los que contaba. “Con el suyo el primero, sí hubiésemos triunfado” respondió el general. Muy cierto, y como el tejerazo fracasó igual que la sanjurjada, ya no sabremos las adhesiones que hubiera sumado. Sólo quedan las palabras de aquella jornada confusa, donde cada cual trazaba su personal frontera de lealtades y legalidad, y elegía luego por interés, por deber, por honor, o por miedo. Jaime Milans del Bosch era monárquico hasta ese bigote de estilo alfonsino. Quintana Lacaci, por el contrario, se definía como franquista. En los primeros momentos de la intentona Quintana llama a su compañero para preguntarle por qué las tropas están ocupando Valencia. Milans primero lo niega, pero ante la evidencia –“¡Si lo estoy viendo por televisión!”– trata de convencerle para que permita que la Brunete se haga con la capital. “Jaime, –responde Quintana– me estás pidiendo una guerra civil, y nosotros ya hemos hecho una”. Poco después, otro divisionario, Aramburu Topete, entraba en el patio del Congreso para tratar de detener a Tejero, pero éste desenfunda, en un gesto dramático: “Mi general, si lo intenta primero le mato y luego me pego un tiro”. Aramburu retrocede, y al salir le dice a uno de los guardias civiles: “Os van a matar a todos”, a lo que el guardia responde: “General, ya nos están matando uno a uno”.

Le tocó a Alberto Oliart gestionar desde el Ministerio de Defensa la complicada resaca del 23-F, una caza de brujas en la que se acabó criminalizando a todos los militares, olvidando que fueron ellos los que decidieron que el golpe no triunfara. Cuando llamó a Quintana a su despacho, el militar quiso advertirle: “Ministro, antes de sentarme tengo que decir que soy un franquista, que admiro la memoria del general Franco. He sido ocho años coronel de su regimiento, llevo esta medalla militar que gané en Rusia, hice la Guerra Civil, por tanto, ya te puedes figurar lo que pienso. Pero el Caudillo me dio orden de obedecer a su sucesor. El rey me ordenó parar el golpe del 23-F y lo paré; si me hubiera mandado asaltar las Cortes, las asalto”.
El fallecido general Armada –RIP– era monárquico como Milans, franquista como Quintana, habló con Tejero en el Congreso como Aramburu, y fue divisionario, como todos. La frase que se le asocia en aquella jornada ni siquiera la pronunció él, pero es la más legendaria del golpe, tanto que se ha quedado como lema del Ejército “Ni está ni se le espera”.

.
Fondo newsletter