«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El paro toca suelo

5 de enero de 2014

Desde que la Ministra de Empleo, Fátima Báñez inició su proceso de reformas con la laboral, siempre he defendido el sentido común de ésta mujer a la hora de negociar con los agentes sociales y de mantener la cabeza fría respecto de sus aspiraciones. Le montaron dos huelgas generales en seis meses en contra de su reforma, la única que en los últimos años está haciendo efecto. Los que estaban a favor de que se llevara a cabo, la tildaron de “corta” y de “poco ambiciosa”.

La verdad es que un año y pocos meses después, la reforma laboral de Báñez está dando sus frutos. El desempleo, ese arma de destrucción masiva que ha estado desangrando a España, su clase media y a las PYMES y autónomos durante cinco años, al fin se ha descargado. Ya no tenemos que contar tasas de destrucción de entre 3.000 y 5.000 puestos de trabajo diarios, como en algunos meses del infausto 2009-2010. Ahora la fotografía fija es otra, y en gran parte es gracias a la reforma laboral.

Una reforma que incluía facilitar el horario laboral, descolgarse de los convenios colectivos sindicales, restringir la capacidad de maniobra de los sindicatos -que en muchos casos han preferido la desaparición total y quiebra de las empresas, antes que salvar los negocios y algunos puestos de trabajo-. Una reforma que está ayudando a encontrar trabajo a miles de emprendedores, autónomos y empresas que empiezan a contratar bajo los criterios de competitividad y capacitación. El mercado laboral español ha cambiado, de la misma forma que ha cambiado el panorama económico del mundo.

Los detractores de Fátima Báñez y su reforma, aseguran, ahora que comienza la recuperación, que los nuevos contratos son precarios, que se gana poco dinero, que la nueva legislación obliga prácticamente a inmigrar a los jóvenes. En algunas cuestiones quizá tengan un punto de razón, pero matizable. El “contrato precario” puede ser “estable” si el empleado demuestra que merece la pena contar con él.

Efectivamente, se han reducido los salarios, porque se han tenido que ajustar los costes de producción -lamentablemente vía salarios- que en algunos casos estaban claramente sobredimensionados. Lo cierto es que, con recesión primero, y crecimiento de la economía minúsculo después, en España se empieza a ver la luz al final del túnel del empleo.

En diciembre hubo 65.000 afiliaciones a la Seguridad Social son un triunfo, 107.000 parados menos, un soplo de aire fresco. Preguntaba yo al profesor Taguas cual sería en su opinión un buen dato de afiliación a la Seguridad Social una vez filtrados (conseguidos) los datos de descenso del paro en Diciembre a Servimedia, y me respondía: “cualquier dato que suponga más afiliados es bueno”. Y ahí están esos datos. Algunos dicen que son trabajos precarios.

Es cierto, todavía no llegamos a 17 millones de afiliados a la Seguridad Social, estar por debajo de esa tasa es sin duda precario para todo, las arcas del estado, la seguridad social, las pensiones….. Todo eso así, pero miren, el que ha conseguido trabajar en Diciembre y llevar comida a su casa no tiene porque escuchar que su trabajo es “precario”, porque es tan digno como el de los popes que se dedican a explicar como, cuando y en que condiciones se tiene que trabajar desde el privilegio que en España supone no haber perdido la nómina. ¡Qué fácil es definir la calidad del trabajo de los demás cuando no se ha estado inmerso en la tragedia de no tener trabajo!.

Fátima Báñez, esa ministra que no hace alharacas públicas está consiguiendo con un trabajo de hormiga, que el paro empiece a transformarse en empleo, y quitarle méritos es perder el tiempo, porque con que el resto de reformas le acompañen un poco, terminará este año con menos parados que cuando llegó al gobierno el 22 de Diciembre de 2011 con la peor de todas las carteras posibles.

Ahora, una vez tocado el subsuelo y suelo, el gran reto se llaman parados de larga duración y mayores de 45 años, con familias a su cargo, con niños, con hipotecas, sin poder pagar la gasolina y sobreviviendo de ayudas y subvenciones en un país devastado por la crisis. Ese es el reto de Fátima Báñez, demostrar que las canas son un valor necesario para una sociedad moderna, que ha de ser capaz de aunar las expectativas de los más jóvenes con la experiencia de los que siempre trabajaron hasta que legó el tsunami económico. 

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