En la Grecia antigua, el parresiasta era quien se atrevía a decir la verdad con valentía, aun a riesgo de enfrentarse al rechazo o al castigo. La parresía suponía un acto de responsabilidad moral al hablar con franqueza y coraje, asumiendo las consecuencias de las propias palabras.
Isócrates, gran orador del siglo IV a.C. y crítico de la demagogia, llegó a considerar incompatible la parresía con la democracia. Según él, los oradores no buscaban el bien común, sino la aprobación del pueblo, diciendo lo que este quería oír en lugar de lo justo o verdadero. En ese contexto, mentir resultaba rentable; decir la verdad, en cambio, acarreaba rechazo. Por eso, Nicolás Gómez Dávila (1913–1994) reprendía en sus escolios al político que, acostumbrado a venderse a los electores, terminaba vendiéndose al mejor postor.
Michel Foucault (1926-1984) retomó este concepto desde una perspectiva crítica contemporánea. El pensador francés, situado en una tradición de pensamiento radical de izquierdas, reivindicó la figura del parresiasta como alguien que, con riesgo personal, se enfrenta al poder establecido diciendo la «verdad» aun cuando perturbe los consensos sobre los que se sostiene la vida política o social.
Desde otro enfoque, VOX ha asumido en parte ese papel. Decimos lo que todos decidieron callar, tocamos temas que el resto de los grupos políticos preferían evitar y Santiago Abascal desafía los consensos mediáticos que parecían intocables. Y se hace con honestidad, desde el completo compromiso con la verdad, con el bien común y con la nación. Y es que, como dijera Gustavo Bueno, la política también exige pedagogía.
En temas como, entre otros muchos, el sistema autonómico, la inmigración ilegal y masiva, la ideología de género, la agenda eco-fanática o en la batalla cultural, VOX dice verdades incómodas contra los dogmas del consenso. Y lo hace por responsabilidad y compromiso con los españoles, que cada día lo apoyan más, y sin miedo a que los medios de comunicación continúen demonizando sus mensajes y a sus portavoces. El compromiso es con los españoles y con la verdad, no con las élites que nos increpan, nos denuncian, nos condenan al silencio o mienten para generar crispación.
VOX ha cuestionado frontalmente el sistema autonómico, señalando lo que durante años muchos reconocían, pero los medios silenciaban. Y es que el consenso bipartidista del PSOE y del PP ha sostenido y fomentado el separatismo, cediendo de forma constante al chantaje de los separatistas. Ambos partidos han tolerado y alentado el adoctrinamiento antiespañol en las aulas y la marginación del español, y han preferido mirar hacia otro lado ante la corrupción institucional de ciertos gobiernos regionales. VOX denuncia que ese llamado «consenso autonomista» no ha traído cohesión nacional ni prosperidad económica, sino privilegios, duplicidades, agravios entre territorios y un despilfarro colosal de recursos públicos que deberían destinarse al bienestar real de los españoles, y jamás al mantenimiento de estructuras político-administrativas innecesarias y mastodónticas que erosionan la unidad y la prosperidad. Aquí proclamamos una verdad incómoda para el consenso: el fracaso de un sistema y la necesidad de un cambio de rumbo completo. Porque las diversidades culturales que hacen grande a España no pueden ser coartada para el privilegio, el chantaje, la ruptura o los sinsentidos.
Por ejemplo, cuando VOX denuncia los nefastos efectos de la entrada descontrolada de inmigrantes ilegales, está señalando una realidad que muchos prefieren ocultar por corrección política o por miedo a las repulsas mediáticas. Frente a las políticas del sistema y el relato del consenso bipartidista, desde VOX situamos en el debate público el daño que las regularizaciones masivas promovidas y aceptadas tanto por el PSOE como por el PP han causado en términos de seguridad y saturación de los servicios públicos. Pero, además, VOX denuncia con claridad cómo esta inmigración masiva y de culturas incompatibles con la nuestra erosiona la identidad nacional y altera ya profundamente en múltiples zonas nuestro modo de vida. Es una realidad incómoda pero cierta. No se puede construir nada sobre la base de flujos migratorios caóticos, impulsados por intereses económicos y posiblemente electorales, mientras se criminaliza a quien alza la voz para defender la ley, el orden, nuestras tradiciones y la soberanía nacional.
En el ámbito educativo, VOX ha criticado con insistencia la imposición de ciertas ideologías en las aulas, especialmente en lo referente a la ideología de género, la Agenda 2030 o la educación sexualizada a los más pequeños. Frente a ello, desde VOX defendemos un modelo educativo libre de adoctrinamiento ideológico, con mayor protagonismo de las familias y, en particular, de la libertad de los padres para educar a sus hijos conforme a sus convicciones, y con sumo respeto a la autoridad del profesor y máxima consideración al mérito académico. Aquí también nuestro discurso ha roto con la narrativa dominante, que pocos querían aceptar. Y del mismo modo ocurre con la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
En un contexto marcado por las agendas mundialistas, VOX ha sido una voz disonante en España. Y eso le ha llevado a ser anatemizado por los medios subvencionados por el sistema bipartidista, aun cuando los españoles le iban dando la razón. Desde VOX cuestionamos un fanatismo climático promovido desde Bruselas por PSOE y PP, que impone restricciones severas y costosas a los españoles y a la industria nacional mientras otras naciones (como China, India o Irán) siguen contaminando sin freno. Y por ello, nos demonizaban mientras hablábamos de soberanía energética, de reindustrialización y de aprovechamiento de todos nuestros recursos propios como vía para avanzar en el crecimiento económico y en el empleo.
Son muchos los asuntos que merecen atención, pero concluyo con la batalla cultural y nuestra oposición frontal al socialismo. No sólo al sanchismo, sino al proyecto ideológico del PSOE, cuya trayectoria está marcada por el enfrentamiento, la corrupción y la ingeniería social. Frente al consenso institucionalizado, VOX ha sido la única fuerza nacional que ha rechazado sin matices la versión oficial del PSOE sobre nuestra historia reciente. Y, sin duda, lo seguiremos haciendo respecto de todo el corpus ideológico del socialismo.