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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.
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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. Colabora en Ataraxia Magazine, El Toro TV y en la Fundación Denaes. Española por la gracia de Dios.

Sánchez no se conforma con poner en la calle a la caterva de delincuentes sediciosos que dio un golpe de estado, aspira a más. Quiere que nos parezca bien. Necesita ver que ponemos nuestro corazón en ello, quiere que seamos como él, magnánimos. Con lo cual, todos aquellos que estamos en desacuerdo con esta medida somos unos rencorosos y unas malísimas personas.

Hablo del presidente de estenuestroGobierno, pero toda la progresía nos da clases de perdón desde su superioridad moral, que para eso es la izquierda y puede hacerlo. La gran Almudena Grandes -valga la redundancia- ya ha dicho que los que nos somos partidarios de esta medida de gracia a esta buenísima gente pensamos con las tripas, no con la cabeza. Claro, porque si lo analizamos bien -con la cabeza de la Grandes- las cesiones al separatismo han funcionado siempre de lujo. Teniendo en cuenta los hechos objetivos, cuarenta años de diálogo y de trato preferente al nacionalismo han dado unos frutos tan espectaculares que todo anima a transitar, incluso a ahondar, por este camino. Si unos tipos nos dan un golpe de estado y su eslogan es que lo volverán a hacer, no hay nada más inteligente que indultarlos. Almudena, reina, tu plan no tiene fisuras. Crack, que eres una crack. Yo, así a bote pronto y con todas mis tripas, sería partidaria de quitarles la oportunidad, pero qué sabré yo, pobre de mí. Estoy aquí para aprender.

El chantaje ya no es sólo político, es emocional. Mi desacuerdo con los indultos me descalifica como ser humano

Mientras algunos nos critican por viscerales, Sánchez apela a nuestra víscera por excelencia: nuestro corazoncito. El hombre por el que Redondo se tiraría a un barranco, baja el tono de voz y en un susurro que casi roza lo erótico, nos llama a la magnanimidad, al diálogo, a una nueva etapa de entendimiento -¿?-  y logra un mix tan sugestivo como incongruente, pero que estoy segura habrá tocado muchas almas -y almos-. En un paralelismo entre la Constitución del 78 y el Eclesiastés bastante cuestionable, nos dice que según la carta magna “hay un tiempo para el castigo y otro para la concordia”, y ese tiempo lo marca él, por supuesto. 

Según Sánchez, ha llegado el tiempo de la concordia y usted, que está leyendo estas modestas líneas, ha de participar con el corazón rebosante de gozo, alegría, comprensión, amor y perdón por los Jordis, por Jonqueras, por Romeva, incluso por Puigdemont, al que le deben salir los mejillones por las orejas -yo diría que en justo castigo- y no considerar los indultos como un asunto político, sino como algo moral, ético e incluso religioso. Por supuesto, hablo de la nueva religión de la izquierda laica que es bastante más rigurosa e inquisidora que el cristianismo.

Sin caer en su trampa de moralina barata y manipuladora, decir no una vez tras otra a todas las arbitrariedades

La democracia ha dejado de representar el imperio de la ley y el Estado de Derecho, para ser un sentimiento, una emoción que reinterpreta el ‘dura lex, sed lex’ como venganza y revancha y, por tanto, lo abandona por caduco. La certidumbre jurídica ha de ser sustituida por la oportunidad política y el Derecho Penal habrá de ser derogado de forma progresiva. En un futuro no muy lejano, los conflictos serán regulados por psicólogos y politólogos que, supongo, moderarán nuestra convivencia en función de las condiciones que se den en cada momento. 

Ésta es la realidad que, aunque suena a coña marinera, se nos propone e impone poco a poco. El chantaje ya no es sólo político, es emocional. Mi desacuerdo con los indultos me descalifica como ser humano. Soy una mala persona, vengativa y revanchista con tintes totalitarios. No tengo una opinión sustentada en el Derecho, en la convivencia y en la razón, tengo una actitud. Una mala actitud susceptible de reproche social. 

Con estos bueyes hemos de arar, para lo cual debemos ser más fuertes que nunca y, sin caer en su trampa de moralina barata y manipuladora, decir no una vez tras otra a todas las arbitrariedades que cada día nos quieren imponer. Por eso, mañana, día 13 de junio, como una sola voz, al margen de cualquier signo partidista, diremos no a la ilegalidad una vez más en la Plaza de Colón.

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