'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

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Más sobre pensiones

11 de septiembre de 2013

Finalizaba mi modesta aportación semanal en este diario la semana pasada con una alusión al progresivo y rápido envejecimiento de la población, no sólo en España sino en todo nuestro entorno geopolítico y social. Con ocasión del debate sobre las pensiones va siendo cada vez más familiar para todos distinguir entre el sistema de capitalización y el sistema de reparto. Brevemente expuesta, la diferencia entre uno y otro radica en que en el primero la gente ahorra y en función de su aportación directa se va capitalizando lo que después recibirá, en tanto que en el segundo se produce la contribución de presente al sistema para pagar las pensiones de quienes son ahora pensionistas; y los que ahora contribuyen, contribuimos, habremos de recibir nuestras pensiones porque generaciones futuras serán los cotizantes. En el viejo epitafio latino podemos resumirlo así: Es quod eran, sum quod eris.El sistema de reparto recuerda en cierta medida a los sistemas piramidales que tantas veces y de forma fraudulenta se ha utilizado en el mundo financiero. Así, por ejemplo, el estadounidense Madoff prometía y daba grandes y atractivos tipos de interés a quienes le confiaban su dinero, pero el truco consistía en que iba satisfaciendo esos interesantes tipos con el dinero que iban ingresando los sucesivos ahorradores. Esos sistemas, como las mentiras, tienen las patas muy cortas y acaban generalmente con sus autores en prisión. La vertiente piramidal del sistema de reparto, a mi juicio, es innegable, pero la diferencia también es muy importante: el sistema de Seguridad Social es legal y, por tanto, no podrá nunca llevarse a prisión a responsables gubernativos por esta causa. Sin embargo, al igual que ocurre con el dichoso sistema piramidal de Madoff, de Doña Branca de Portugal y tantos otros, o somos capaces de acomodar la previsión de lo que tendremos que dar en el futuro en materia de pensiones a lo que las futuras generaciones serán capaces de cotizar o la pirámide se vendrá abajo.Todo lo hasta aquí expuesto significa, en resumen, que de un lado las pensiones no pueden seguir creciendo sin más, por duro que sea; de otro, que habrá que entrar también en una razonable justicia redistributiva haciendo, por ejemplo, que las pensiones más bajas experimenten subidas más altas que las pensiones situadas en los tramos superiores y, además, habrá que lograr que el sistema laboral sea capaz de llegar a la tasa nairu de desempleo; esto es, llegar al mínimo de desempleo estructural. O nuestros jóvenes se ponen a ser más prolíficos o esto se convertirá en un país de viejos en “edades excedentarias”. Sé que todo esto es muy controvertido, y como no quiero acabar abruptamente, prometo, por lo menos, una tercera parte.

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