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Abogada peruana. Profesora en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y de la Universidad del Pacífico.
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Abogada peruana. Profesora en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y de la Universidad del Pacífico.

Perú no puede ser una segunda Venezuela

Pedro Castillo en menos de tres meses de haber asumido la presidencia peruana ha alterado todos los factores económicos, ha pauperizado a los más humildes y ha sido una vergüenza ante la comunidad internacional desde sus oprobiosas palabras ante el rey Felipe VI contra la presencia histórica española en el Perú, sus desplantes al presidente colombiano Duque y su presentación en la CELAC, tan pobre en forma (pésimamente vestido y con el sombrero eterno. ¿Se creerá un personaje escapado del Gran Chaparral?) como de fondo (se le comparó por sus confusas peroratas al actor cómico mexicano Cantinflas).  

El Perú hizo esfuerzos colosales en estos últimos 30 años para mejorar la imagen del país y posicionarlo como una jurisdicción amigable para la inversión privada tras la hiperinflación y la barbarie terrorista de Sendero Luminoso. A pesar del flojo gobierno de Humala y de las dificultades generadas por la renuncia de Pedro Pablo Kuzcynski (PPK), nuestra economía se mantuvo estable, pues los indicadores más volátiles, como el tipo de cambio y la Bolsa limeña, no se vieron afectados. Incluso la crisis que generó el deplorable capítulo de la corrupción generalizada por Odebrecht y varias constructoras brasileñas más no hizo mella el Perú, que fue percibido como un país que luchaba frontalmente contra la corrupción, donde no temblaba la mano para aplicar la ley con la mayor severidad a cinco exmandatarios (el casi extraditado de EEUU Toledo, el fallecido por mano propia Alan García y los procesados Humala, PPK y Vizcarra). Llegaron Castillo, su sombrero y su lenguaraz y radical exprimer ministro Guido Bellido a desmoronar toda esa laboriosa tarea. 

Aún algunos albergamos la esperanza de que muchos valientes congresistas se convenzan de que la vacancia presidencial es la única solución

Así, nuestras aspiraciones de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos(OCDE) – reflejadas en nuestro cumplimiento del Programa País desde hace siete años – se han convertido en un sueño lejano. Castillo, un ejemplo emblemático de la pésima calidad de la educación pública peruana, posiblemente ni sepa a que responden estas siglas, pero es clarísimo que él y su gobierno – que se sienten más cercanos a Evo Morales o no tan lejano a como Cuba, Venezuela o Nicaragua – no serán bienvenidos jamás.   

Más grave aún es que tras esta última remodelación ministerial haya colocado a una oenegenera comunista amtiminera (Mirtha Vásquez) al frente del mismo, además de un ministro de Educación (Carlos Gallardo)  cercano a la senderoide organización Movadef y a un ministro del Interior (Luis Barranzuela) cercanísimo al castrista Vladimir Cerrón (máximo jerarca de Perú Libre, el partido oficialista) y repleto de amonestaciones cuando fue policía, que además acaba de paralizar la campaña anual de erradicación de cultivos de coca.  

¿La solución? Aún algunos albergamos la esperanza de que muchos valientes congresistas se convenzan de que la vacancia presidencial es la única solución, la lideren y se la jueguen para que el Perú no sea una segunda Venezuela.

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