'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.
Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""

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Socio-Director de Eurogroup Human Resources.Orgulloso de colaborar con Intereconomía desde abril de 2012."""

¿Refundar el bipartidismo o el actual modelo tetrapartidista?

8 de enero de 2016

Cambiar el modelo de negocio supone uno de los retos más complicados a los que puede enfrentarse una empresa.

Pero cuando se pierde posicionamiento en el mercado, los clientes anteriormente fidelizados apuestan por otras marcas más competitivas, los beneficios se convierten en pérdidas, existe un desfase tecnológico, etc. Y el único responsable de todo ello es un modelo de negocio que se ha quedado obsoleto.

En este supuesto, cualquier empresa con vocación de supervivencia opta por realizar una operación de trasplante en el corazón de su negocio.    

No obstante, las compañías que han conseguido tener éxito después de reinventar su tradicional modelo de negocio son escasísimas. Al respecto, puede servir de ejemplo excepcional el caso de IBM, una multinacional que en 2003 dejó de fabricar y vender ordenadores y hardware para comenzar a ofrecer servicios relacionados con la TIC, convirtiéndose así en líder global en algunas de las especialidades de su sector como el registro de patentes.

¿Cuál es el  modelo de gestión política que necesita España?

La “empresa España” se enfrenta en la actualidad a una renovación o reinvención en su modelo de gestión política, puesto que del bipartidismo, un sistema político-gerencial que ha estado vigente más de tres décadas, se ha pasado al tetrapartidismo.

Y si bien es cierto que el bipartidismo es un sistema político que funciona perfectamente en USA o Inglaterra, no es menos cierto que en España ha degenerado hasta convertirse en un corrupto modelo partitocrático.

Igualmente, es factible afirmar que las mayorías absolutas en España han derivado hasta la fecha en Absolutismo, aunque también estamos comprobando que el “sistema de pactos entre partidos” no es la solución política que necesita nuestro país para ser mínimamente gobernable.

En este sentido y mientras la casta política no esté a la altura de las decisiones democráticas de los españoles, que en las últimas elecciones votaron en clave de acuerdos entre partidos, el modelo tetrapartidista constituirá un fracaso todavía mayor que el que ha supuesto el bipartidismo.

Ingobernabilidad de Cataluña y España

De hecho, tanto en Cataluña como en España, la ingobernabilidad está asegurada debido a que la conformación de un gobierno estable depende del desarrollo de las negociaciones de nuestros políticos.     

Y, evidentemente, España no es un país que pueda permitirse repetir las elecciones cada vez que el resultado electoral no otorgue una mayoría absoluta a un determinado partido.

Además, hay que tener en cuenta que los partidos emergentes constituyen una grandísima decepción política, tanto en cuanto Podemos es una formación antidemocrática y neo comunista, y el proyecto nacional de Ciudadanos es una farsa marketiniana.

La única solución es refundar el bipartidismo

En otras palabras, el PP  y el PSOE tienen la obligación de modernizar nuestra democracia al estilo de las democracias occidentales más avanzadas. Para lo cual, y mucho antes de reformar la Constitución Española, ambos partidos deberían renovarse internamente al objeto de representar respectivamente a un electorado de centro derecha moderna y a otro de perfil socialdemócrata.

La economía española se estancará con un sistema político que no garantice la estabilidad gubernamental a largo plazo. 

Porque si España quiere implantar un modelo económico sostenible necesitará complementariamente un sistema político que garantice una estabilidad gubernamental a largo plazo.

Máxime, considerando los principales hándicaps que la economía española tiene actualmente, tales como un desempleo estructural, un déficit disparado, una deuda insostenible…

Y conociendo, de la misma manera, que tales problemas económicos solo son solucionables a través de la adopción de determinadas decisiones políticas en forma de reformas estructurales.

Pero para que estas decisiones tengan el efecto deseado, las mismas deben prolongarse en el tiempo y adoptarse de forma estratégica bajo el amparo de un bipartidismo moderno y con sentido de Estado.  

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