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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Romper con Rajoy

14 de marzo de 2015

Ha sido una de las fotos más relevantes de la manifestación provida celebrada en Madrid. En ella se veía a una sonriente Esperanza Aguirre, y justo detrás una breve pancarta con un lema que sobrevuela la cabeza de la lideresa: “yo rompo con Rajoy”, precisamente la frase que nunca se ha atrevido Esperanza a pronunciar.

Esperanza y Mariano, Mariano y Esperanza. Podríamos decir que son las dos caras del PP si el PP tuviera sólo dos caras. La incombustible Aguirre sigue amagando el golpe que nunca se atreve a dar, mientras Rajoy se afana en mantenerla a la distancia justa, por eso ahora es su candidata a la alcaldía, que en política los enemigos cuanto más cerca mejor, porque cuando Azaña mandó a Franco a Canarias estaba firmando el billete de su propio exilio.

El partido del gobierno atraviesa una crisis profunda, aunque hasta ahora el pegamento del poder -tan eficiente- ha conseguido silenciar el crujir de las cuadernas en Génova. También es verdad que las puñaladas no meten mucho ruido, pero aún así resulta inviable mantener una organización democrática (?) usando sólo métodos de cardenales venecianos, todo dagas, sobornos y venenos con forma de dossieres de prensa. Aunque no les falte habilidad para mover alcantarillas y comisarios, en algún momento tendrán que hablar de política y retratarse.

La larga marcha hacia el centro que hace años emprendió el PP es lo más parecido a la carrera interminable de Forrest Gump, cuando corría como un desesperado y le jaleaban memos de toda condición, algunos incluso trotando junto a él. Algunos siguen sin entender que la misma naturaleza del centro político lo convierte en una meta inconquistable, primero porque falta una referencia diestra, y segundo porque la siniestra no para de moverse, que la utopía progre sólo es un palo y una zanahoria.

Rajoy ha entregado el gobierno a una legión de abogados del estado, registradores y técnicos comerciales, una burocracia de élite que exhibe logros económicos como en un concierto homenaje a la tecnocracia. Pero, a la vez, el presidente ha regalado el partido al núcleo pijoprogre -minoritario entre las bases y los electores- pero omnipresente hasta lo totalitario en los círculos más influyentes, los hacedores de programas y listas. Ese núcleo está capitaneado por Soraya, apadrinado por Janli Cebrián, y lastrado por Celia Villalobos, que dice lo que todos ellos piensan pero de forma demasiado explícita, y además adornándolos con esos modales tan irritantes que habrían hecho desesperar al mismísimo profesor Higgins.

Villalobos dijo que no caben en el PP aquellos que se opongan al derecho al aborto. Aunque eso es absolutamente cierto -ya que goza de una mayoría absoluta y no lo ha derogado-, Aguirre y muchos otros saben que es una torpeza explicitarlo. Por eso ha acudido a la manifestación provida de Madrid, consciente de que una gran parte del electorado puede que no trague con la metamorfosis que ha convertido al PP en la marca tecnócrata del PSOE. Aguirre espera todavía otra oportunidad, como la que desaprovechó en el congreso de Valencia. Pero de momento sigue sin romper con Rajoy, quizá porque más que al ogro de Podemos en el PP temen al fantasma de UCD.

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