PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.
Ver biografía
Ocultar biografía
Rafael L. Bardají (Badajoz, 1959) es especialista en política internacional, seguridad y defensa. Asesor de tres ministros de Defensa y la OTAN, en la actualidad es director de la consultora World Wide Strategy.

Sánchez: de Bambi a Mao

Imagino que a Pedro Sánchez le sería repugnante citar a Hitler para prometernos un futuro esperanzador. Y, sin embargo, no tiene problema alguno en robarle un slogan a Mao, ese “gran salto adelante” que nos augura a los españoles. Salto adelante que en manos de Mao causó millones de muertos por hambre, el colapso de la economía china, un atraso social de décadas y que el propio régimen comunista chino acabara repudiándolo, junto con su también famosa “revolución cultural”, que sólo logró hacer de China un gran gulag. Zapatero citaba a Pocahontas en la ONU sin rubor alguno; Sánchez ha hecho suyo el libro rojo de Mao, ese librito hecho para agitarse en las manifestaciones de fervor por el gran líder, pero no para leerse.

No es de extrañar que, con tales bases, el gobierno social-comunista español se niegue a condenar la represión del régimen cubano sobre su propio pueblo, en pleno estallido por su libertad, ni que evite llamar a Cuba una dictadura. Equiparar el régimen cubano con la democracia española es la mejor evidencia de cómo concibe el socialismo español el futuro de nuestras instituciones y de nuestra vida: Un capitalismo totalitario a lo chino bajo un líder intocable, cínico y amoral como el cubano. Que no vengan luego las reclamaciones, porque está claro, clarísimo.

Eso es el socialismo, aquí y en Cuba: vuelta a las carretas, cinismo y privilegios para unos pocos que se pegan la vida padre a costa del sudor y el dinero del resto

De los comunistas españoles, de Garzón a los Bardem, que quieren quedarse los chuletones para ellos (por no hablar de los coches oficiales, los jets y la sanidad y la educación privada), se puede esperar cualquier cosa. Pero Sánchez es el auténtico problema. No voy a traer de nuevo la letanía de maldades que ha cometido a lo largo de su vida, ahora lo que toca es echarles la culpa a los jóvenes de que no se pueda cumplir su cacareada victoria sobre el coronavirus. No hay medio que no nos machaque con la rápida propagación de la famosa variante Delta (o india) y con una creciente Incidencia Acumulada. Nadie nos dice que esa métrica se ha quedado obsoleta del todo y que, aunque ahora se cuantifican más y mejor los contagios entre adolescentes y jóvenes, los ingresos hospitalarios, la ocupación de las UCI, la gravedad de los pacientes y los fallecimientos, siguen descendiendo. En lugar de celebrar esta lenta pero inexorable salud de la pandemia gracias a la vacunación y la llamada inmunización de rebaño, que no permite tentaciones totalitarias, se elige seguir inoculando miedo, porque el miedo vuelve a los ciudadanos auténticos esclavos. Como en Cuba.  En fin, si hoy hay más jóvenes contagiados, la culpa no es de ellos, sino de Sánchez. La estrategia, errónea desde mi punto de vista, de vacunación es obra suya; y el hecho de que España vaya por detrás en la vacunación de la franja más joven de edad, es su resultado. Pero con la complicidad del Ibex35 y su control de los medios de comunicación, no hay discurso alternativo capaz de frenar el discurso de este gobierno.

Leía hace nada el alborozo de una pareja ecolo al poder realizar en su furgoneta eléctrica el trayecto Bilbao-Gijón en tan sólo 12 horas, con dos paradas para recargar las baterías. Son 265 kilómetros, para quienes están menos familiarizados con la aún geografía española. Esto es, un viajecito de, digamos, algo más de 3 horas siendo estrictos con los límites de velocidad y sin necesidad de parar a poner gasolina o gasoil al vehículo.  Como gran salto adelante en esta marcha hacia el terno progreso que la izquierda nos promete, es algo discutible, creo yo. Aunque es lo mismo que nuestro sonriente presidente Sánchez se suba al Falcon para ir de Torrejón a Gijón a presentar su proyecto de descarbonización de la economía. Y es que eso es el socialismo, aquí y en Cuba: vuelta a las carretas, cinismo y privilegios para unos pocos que se pegan la vida padre a costa del sudor y el dinero del resto. Igual en la democracia socialista de Cuba y Corea del Norte, que en la totalitaria de China o a la que vamos si no le ponemos fin al sueño del socialismo.

Deja una respuesta